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El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.

Eclesiástico

Capítulo 10

1

El gobernador sabio instruye a su pueblo, y el gobierno del entendido es estable.

2

Cual el jefe del pueblo, tales sus oficiales; y cual el gobernador de la ciudad, tales todos los que en ella habitan.

3

El rey insensato arruina a su pueblo, y por la prudencia de los principales la ciudad se puebla.

4

En manos del Señor está el poder sobre la tierra; y a su tiempo hará surgir al hombre de provecho.

5

En manos del Señor está la dicha del hombre, y al escriba dará su honor.

6

No guardes rencor a tu prójimo por agravio alguno, y no te metas en cosas de soberbia.

7

Odiosa es la soberbia para Dios y para los hombres, y a entrambos es abominable el desafuero.

8

El imperio pasa de una nación a otra a causa de la injusticia, de las violencias y del afán de dinero.

9

¿De qué se envanece el polvo y la ceniza? ¡Ni en vida es dueño de sus entrañas!

10

El médico alarga la enfermedad, y el que hoy es rey, mañana yacerá en tierra.

11

Cuando muere el hombre, hereda los reptiles, las bestias y los gusanos.

12

Comienzo de la soberbia es apartarse del Señor, y apartar su corazón de su Hacedor.

13

Porque la soberbia es principio del pecado; quien la posee, hasta la abominación rebosa; por eso el Señor le envío duros golpes y le derribó por completo.

14

El Señor derribó el trono de los potentados, y en su lugar hizo sentar a los mansos.

15

El Señor arrancó de raíz la soberbia de las naciones, y en su lugar plantó los humildes.

16

El Señor trastornó las tierras de las gentes y las destruyó hasta los cimientos.

17

A algunos los desarraigó y los destruyó, y su memoria borró de la tierra.

18

No fue creada para el hombre la arrogancia, ni para los nacidos de mujer la ira violenta.

19

¿Cuál es la raza digna de honor? La raza humana. ¿Cuál es la raza digna de honor? Los que temen al Señor. ¿Cuál es la raza indigna? La raza humana. ¿Cuál es la raza indigna? Los que violan los mandamientos.

20

Entre los hermanos es principal el que los preside; así entre el pueblo de Dios lo son los que le temen.

21

El temor del Señor precede a la grandeza, y a la gloria precede la longevidad.

22

Rico, noble, pobre: su gloria es el temor del Señor.

23

No es justo despreciar al pobre inteligente, ni conviene ensalzar al hombre pecador.

24

El príncipe, el juez, el poderoso son glorificados, pero ninguno es más grande que el que teme al Señor.

25

Al siervo inteligente servirán los libres, y el hombre sensato no se queja.

26

No te hagas el sabio para hacer tu obra, ni te gloríes en el tiempo de tu aflicción.

27

Más vale el que trabaja y todo le sobra, que el que hace alarde y le falta el pan.

28

Hijo mío, con modestia glorifica tu alma, y dale el honor que merece.

29

¿Quién justificará al que peca contra sí mismo? ¿Quién honrará al que deshonra su vida?

30

El pobre es honrado por su saber, y el rico es honrado por sus riquezas.

31

El que es honrado siendo pobre, cuanto más si es rico; y el despreciado siendo rico, cuanto más si es pobre.

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