El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 16
No desees la muchedumbre de hijos inútiles, ni te goces en hijos impíos.
Si se multiplican, no te alegres en ellos, si no es que el temor del Señor está en ellos.
No tengas confianza en su vida, ni te fíes de su muchedumbre; que mejor es uno que mil, y morir sin hijos que tenerlos malvados.
Por uno inteligente se poblará la ciudad, mas la raza de los malvados será desolada.
Muchas cosas de ésas he visto con mis ojos, y he oído otras más grandes que éstas.
En la asamblea de los pecadores se enciende fuego, y en el pueblo rebelde se inflama la ira.
No perdonó a los antiguos gigantes, que se rebelaron confiando en su fuerza.
No perdonó a los huéspedes de Lot, a los que abominó por su orgullo.
No se compadeció del pueblo de la perdición, que fue arrancado por sus pecados,
como tampoco de los seiscientos mil hombres de a pie, que se amotinaron en la dureza de su corazón.
Aunque haya uno solo de corazón endurecido, sería maravilla que quedase impune; porque misericordia e ira están en él, poderoso para perdonar y para derramar la ira.
Tan grande es su misericordia como su severidad; él juzga al hombre según sus obras.
No escapa el pecador con su botín, ni se frustra la esperanza del justo.
Él se reserva el premio de la misericordia, y cada uno alcanza según sus obras.
No digas: «Me esconderé del Señor; ¿quién en las alturas se acordará de mí? Entre tanta gente no seré conocido; ¿qué es mi alma en la inmensa creación?»
Porque el cielo, el cielo de los cielos, el abismo y la tierra son conmovidos cuando él los visita;
también los montes y los cimientos de la tierra, al mirarlos el Señor, tiemblan de espanto.
Mas el corazón no alcanza todas estas cosas; ¿quién comprende sus caminos?
Como tempestad que nadie ve, así la mayor parte de sus obras permanecen ocultas.
«¿Quién anunciará sus obras de justicia, o quién las esperará? Porque lejos está su alianza.»
Así discurre el falto de entendimiento; el insensato, extraviado, discurre necedades.
Escúchame, hijo mío, adquiere ciencia, y atiende a mi palabra con tu corazón.
Te expondré la doctrina con mesura, y te enseñaré la ciencia con exactitud.
Cuando al principio dispuso el Señor sus obras, desde que las hizo, distribuyó sus partes.
Él dispuso sus obras para siempre, y los principios de ellas por sus generaciones; ellas no tienen hambre ni se cansan, y no cesan de hacer sus funciones.
Ninguna estorba a su compañera, y jamás desobedecen su palabra.
Después de esto, el Señor miró a la tierra, y la llenó de sus bienes.
De toda clase de animales cubrió su faz, y a ella han de volver.