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El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.

Eclesiástico

Capítulo 2

1

Hijo mío, si te acercas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.

2

Endereza tu corazón y persevera, no te precipites en el tiempo de la desgracia.

3

Pégate a él, no te alejes, a fin de que seas enaltecido en tu postrimería.

4

Todo lo que te sobreviniere, acéptalo, en las alternativas de tu humilde condición ten paciencia.

5

Porque en el fuego se acrisola el oro y en el horno de la humillación los aceptos.

6

Cree en él, que él te amparará; endereza tus caminos y confía en él.

7

Vosotros los que teméis al Señor, esperad su misericordia, no os apartéis, no sea que caigáis.

8

Vosotros los que teméis al Señor, confiad en él, y no será burlada vuestra recompensa.

9

Vosotros los que teméis al Señor, esperad sus bienes, alegría eterna y misericordia.

10

Mirad las generaciones antiguas y ved: ¿quién, confiando en el Señor, fue defraudado? ¿quién perseveró en su temor, y fue abandonado? ¿quién le invocó, y fue despreciado?

11

Porque compasivo y misericordioso es el Señor, perdona los pecados y en tiempo de la tribulación salva.

12

¡Ay de los corazones tímidos, de las manos muelles y del pecador que va por dos caminos!

13

¡Ay del corazón desfallecido, porque no cree, y por esto no será amparado!

14

¡Ay de vosotros que habéis perdido la paciencia! ¿qué haréis cuando el Señor os visite?

15

Los que temen al Señor no son desobedientes a sus palabras, y los que le aman siguen sus senderos.

16

Los que temen al Señor buscan su benevolencia, y los que le aman son colmados de su ley.

17

Los que temen al Señor preparan sus corazones y en su presencia humillan sus almas.

18

Caigamos en las manos del Señor, no en las manos de los hombres; porque cual su majestad, así es también su misericordia.

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