El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 20
Hay reprensión que no es a tiempo, y hay quien calla y es sensato.
Cuánto mejor es reprender que mostrarse iracundo,
porque el que confiesa su falta será preservado de perderla.
Como el eunuco que desea desflorar a una doncella, así el que practica la violencia con juicios.
Hay quien calla y pasa por sabio, y hay odioso por mucho hablar.
Hay quien calla porque no tiene respuesta, y hay quien calla porque sabe la ocasión.
El sabio calla hasta llegar la ocasión, pero el hablador y el necio no miden el tiempo.
El que mucho habla es aborrecido, y el que se hace el dueño es odioso.
Hay prosperidad en la desgracia para el hombre, y hallazgo que se convierte en pérdida.
Hay don que nada te aprovecha, y don que se paga doble.
Hay humillación encaminada a la gloria, y hay quien levanta cabeza de la humillación.
Hay quien compra mucho con poco, y la paga hasta siete veces.
El sabio se hace amar con sus palabras, mientras que las finezas del necio se desperdician.
El don del necio no te aprovechará, porque sus ojos son en número de siete.
Da poco, y mucho zahiere; abre la boca como un pregonero; hoy presta, mañana pide; hombre aborrecible es.
Dice el necio: «No tengo amigo, no hay agradecimiento por mis beneficios, y los que comen mi pan tienen lengua embustera.»
¡Cuántas veces y cuántos se burlarán de él!
Caer en el suelo es mejor que resbalar con la lengua; así la caída del malo llega de repente.
Hombre fastidioso, conversación inoportuna; siempre así en la boca del indisciplinado.
De la boca del necio será desechada la sentencia, porque no la dice a su tiempo.
Hay hombre impedido de pecar por pobreza, y en su reposo no se siente inquieto.
Hay quien pierde su alma por timidez, y la pierde por consideración a un insensato.
Hay quien por vergüenza promete a su amigo, y le gana por enemigo sin motivo.
La mentira es una fea mancha en el hombre, y está siempre en la boca de los indisciplinados.
Mejor es el ladrón que el mentiroso empedernido; pero ambos heredarán la ruina.
La mentira es costumbre vergonzosa, su deshonra la acompaña siempre.
El sabio, con sus palabras, se abre camino a la gloria, y el hombre sensato agrada a los grandes.
El que labra su tierra, apilará su mies; el que agrada a los grandes, expía la injusticia.
Los regalos y los presentes ciegan los ojos de los sabios y, como bozal en la boca, impiden la corrección.
Sabiduría escondida y tesoro invisible: ¿de qué sirven entrambos?
Mejor es el que oculta su necedad que el que oculta su sabiduría.