El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 23
¡Señor, Padre y dueño de mi vida, no me abandones a sus consejos, no me dejes caer por ellos!
¿Quién dirigirá mis pensamientos con azotes, y a mi corazón con la disciplina de la sabiduría, para que sean perdonadas mis ignorancias y no pasen por alto mis pecados?
No sea que aumenten mis ignorancias, se multipliquen mis pecados, caiga ante los adversarios y se alegre de mí mi enemigo.
¡Señor, Padre y Dios de mi vida, no me des unos ojos altivos, y aparta de mí la concupiscencia!
Aparta de mí el apetito del vientre, y no se apodere de mí la lujuria de la carne; no entregues a mí, tu siervo, a una alma desvergonzada.
Escuchad, hijos, la disciplina de la boca; el que la observa no será preso en sus palabras.
Por su boca es cogido el pecador, y el maldiciente y el soberbio tropiezan por ella.
No acostumbres tu boca al juramento, ni te habitúes a pronunciar el nombre del Santo.
Porque, así como un siervo continuamente interrogado no se librará de los golpes, así el que jura y pronuncia el Nombre a todas horas no quedará limpio de pecado.
El hombre que mucho jura se llenará de iniquidad, y no se apartará el azote de su casa. Si falta, sobre él su pecado; si desprecia, peca doblemente; si jura en vano, no será justificado, pues su casa estará llena de castigos.
Hay palabra que merece la muerte; no la encuentre la herencia de Jacob, porque todas estas cosas estarán lejos de los piadosos, y ellos no se revolverán en los pecados.
No acostumbres tu boca a las groserías, pues hay en ellas palabra pecaminosa.
Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te sientes entre los poderosos; no te olvides ante ellos, no sea que por tu costumbre te hagas necio, y desees no haber nacido y maldigas el día de tu nacimiento.
El hombre habituado a palabras vergonzosas nunca se corregirá en toda su vida.
Dos especies de hombres multiplican los pecados, y la tercera atrae la ira: el alma apasionada como fuego ardiente, que no se apaga hasta consumirse; el hombre lujurioso en su propio cuerpo, que no se sacia hasta que arde el fuego.
Para el fornicario, todo pan es dulce; no se cansará hasta morir.
El hombre que deshonra su lecho, dice en su corazón: «¿Quién me ve? Las tinieblas me rodean, las paredes me ocultan; nadie me ve; ¿a quién debo temer? El Altísimo no se acordará de mis pecados.»
Sólo teme a los ojos de los hombres, y no sabe que los ojos del Señor son diez mil veces más luminosos que el sol, y ven todos los caminos de los hombres, y penetran hasta los lugares más ocultos.
Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas; y también después de su perfección, todas las contempla.
Este será castigado en las plazas de la ciudad, y cuando menos lo espere será cogido.
Lo mismo le sucede a la mujer que abandona a su marido y le da un heredero de otro.
Porque, primero, fue rebelde a la ley del Altísimo; segundo, pecó contra su marido; tercero, cometió adulterio fornicando y dio hijos de otro hombre.
Ella será llevada a la asamblea, y acerca de sus hijos se hará investigación.
Sus hijos no echarán raíces, sus ramas no darán fruto.
Dejará su memoria maldita, y su deshonra no será borrada.
Y los que queden conocerán que no hay nada mejor que el temor del Señor, ni más dulce que observar los mandamientos del Señor.