El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 25
En tres cosas me complazco, y ellas son hermosas delante de Dios y de los hombres: la unión de los hermanos, la amistad de los vecinos, y la armonía entre la mujer y el marido.
Tres especies de hombres aborrece mi alma, y me son sumamente odiosas: el pobre soberbio, el rico mentiroso y el viejo adúltero falto de juicio.
Si nada atesoraste en tu juventud, ¿cómo hallarás en tu vejez?
¡Qué hermoso es para las canas juzgar, y para los ancianos saber aconsejar!
¡Qué hermoso es en los ancianos la sabiduría, la inteligencia y el consejo en los nobles!
La mucha experiencia es corona de los viejos, y su gloria, el temor del Señor.
Nueve cosas considero por dichosas, y la décima la dirá mi lengua: El hombre que se alegra en sus hijos, el que vive hasta ver la ruina de sus enemigos;
dichoso el que vive con mujer prudente, el que no ha resbalado con la lengua, el que no ha servido a un amo indigno;
dichoso el que halla sabiduría, y el que diserta a oídos atentos.
¡Qué grande es el que halla sabiduría! Pero nadie supera al que teme al Señor.
El temor del Señor supera todas las cosas, y el que lo posee, ¿a quién comparar?
Toda llaga, menos la del corazón; toda maldad, menos la de la mujer;
toda aflicción, menos la de los que aborrecen; toda venganza, menos la de los enemigos.
No hay cabeza más mala que la cabeza de la serpiente, ni ira peor que la del enemigo.
Más querría habitar con león o con dragón que vivir con mujer malvada.
La maldad de la mujer afea su rostro, y pone su semblante como el de un oso.
Su marido se sienta entre sus vecinos, y sin querer, suspira amargamente.
Toda malicia es pequeña comparada con la malicia de la mujer; ¡caiga sobre ella la suerte del pecador!
Como subida arenosa para los pies del anciano, así la mujer charlatana para el hombre quieto.
No te dejes atrapar por la hermosura de la mujer, ni te rinda la belleza ajena.
La mujer que sostiene a su marido es mujer colérica, desvergonzada y llena de oprobio.
Corazón abatido, rostro triste y herida del corazón: tal es la mujer malvada. Manos débiles y rodillas que flaquean: la que no hace la felicidad de su marido.
De la mujer trajo el pecado su origen, y por ella morimos todos.
No des a la mujer salida, ni campo a su desvergüenza.
Si no anda como tú quieres, córtala de tu carne y dale el libelo de repudio.