El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 27
Por dinero pecaron muchos, y el que busca abundancia aparta sus ojos.
Como estaca se clava entre dos piedras, así el pecado se introduce entre la compra y la venta.
Si no se mantiene en el temor del Señor, pronto se arruinará su casa.
Cuando se sacude un tamiz, quedan las basuras; así las inmundicias del hombre, en su conversación.
El horno prueba la vasija del alfarero; la prueba del hombre está en su conversación.
El fruto descubre el cultivo del árbol; así la palabra, los pensamientos del corazón.
No alabes a nadie antes de oírle hablar; porque ésa es la prueba de los hombres.
Si buscas la justicia, la alcanzarás, y te pondrás la justicia como vestido de honor.
Las aves anidan entre sus semejantes; así la fidelidad vuelve a los que la practican.
Como el león acecha la presa, así el pecado acecha a los que hacen el mal.
La conversación del hombre piadoso es siempre sabia; el necio cambia como la luna.
Entre los insensatos, atiende al momento; entre los inteligentes, persevera.
La conversación de los necios es desabrida, y su risa, en medio de la orgía.
La conversación del que mucho jura pone los pelos de punta; su contienda tapa los oídos.
La riña de los soberbos acaba en sangre; sus injurias son duras de oír.
El que revela los secretos, pierde la confianza y no encontrará amigo a su gusto.
Ama a tu amigo y sé fiel a él; mas si revelas sus secretos, ya no corras tras él.
Como quien mata a su prójimo, así el que destruye la amistad.
Como quien suelta un pájaro de la mano, así has dejado a tu amigo; no lo recobrarás.
No lo sigas, que está lejos; huyó como gacela del lazo; el alma está herida.
Ya no podrás atarlo; entre los maldicientes, hay reconciliación; mas revelar los secretos, es perder la esperanza.
El que guiña el ojo, trama maldades; nadie se le acercará.
Cuando te mira, habla melosamente, y se admira de tus palabras; pero luego cambia de semblante y con tus palabras te denigra.
Muchas cosas tengo odiadas, pero ninguna como aquél; también el Señor le odiará.
El que tira una piedra para arriba, sobre su cabeza la tira; y la herida a traición, divide los amigos.
El que cava un hoyo, en él caerá; el que pone una trampa, en ella será cogido.
El que hace el mal, sobre él se volverá, y no sabrá de dónde le viene.
La mofa y el ultraje son de los soberbios, y la venganza, como león, los acecha.
En el lazo caerán los que se alegran de la caída de los justos, y la angustia los consumirá antes de su muerte.
La cólera y la ira, también éstas son abominables; el hombre pecador las retendrá.