El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 29
El que es misericordioso presta a su prójimo, y el que echa una mano guarda los mandamientos.
Presta a tu prójimo en el tiempo de su necesidad, y a tu vez, paga a tu prójimo a su tiempo.
Mantén tu palabra, y obra fielmente con él, y te será siempre necesaria tu provisión.
Muchos consideran el préstamo como dinero hallado, y causan sinsabores a los que les ayudan.
Hasta que recibe, besa las manos del otro, y por el dinero de su prójimo habla sumiso; pero cuando ha de pagar, pide plazo, da palabras vanas y se queja de los tiempos.
Si puede, apenas restituye la mitad, y es tenido por afortunado; si no, le ha desposeído de su dinero y le ha ganado por enemigo sin motivo; le paga con maldiciones e injurias, y paga la honra con deshonra.
Muchos, por maldad, se niegan a prestar, por miedo a ser desposeídos sin razón.
Con todo, ten paciencia con el pobre, y no le hagas esperar tu limosna.
Por el mandamiento, socorre al pobre, y no le des la espalda en su indigencia.
Pierde tu dinero por tu hermano y tu amigo, no lo dejes enmohecer bajo una piedra para perderse.
Atesora tus tesoros según los mandamientos del Altísimo, y te aprovecharán más que el oro.
Encierra la limosna en tus trojes, y ella te librará de toda desgracia.
Te combatirá contra el enemigo, mejor que un escudo poderoso y que una lanza fuerte.
El hombre honrado sale fiador de su prójimo; el desvergonzado le abandona.
No olvides la generosidad del fiador, pues él ha dado su vida por ti.
El impío malogra el bienestar de su fiador;
el mal agradecido abandona a su libertador.
Salir por fiador, a muchos hacendados ha arruinado y los ha revuelto como oleaje del mar; a hombres poderosos ha desterrado de sus casas y los ha hecho errar entre gentes extrañas.
El hombre pecador, al traspasar los mandamientos del Señor, incurre en la fianza; el que anda en muchos negocios, incurre en pecado.
Socorre al prójimo según tus fuerzas, y guárdate de caer.
Lo primordial para vivir es agua, pan y vestido, y una casa que cubra la desnudez.
Más vale la vida del pobre bajo el techo de paja, que manjares exquisitos en casa ajena.
Poco o mucho, conténtate, y no oirás el reproche de tu casa.
Vida peregrina es ir de casa en casa; donde peregrinas, no abres la boca.
Hospedarás y darás de beber sin recibir las gracias, y por añadidura oirás palabras amargas:
«Ven, peregrino, pon la mesa; si tienes algo, dame de comer.»
«Vete, peregrino, cede el puesto a un invitado honorable; mi hermano viene a visitarme, necesito la casa.»
Duras son estas cosas para un hombre sensato: el reproche por la casa y el reproche por el dinero.