El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 32
Si te han puesto por jefe de la mesa, no te engrías; sé entre ellos como uno de tantos. Cuida de ellos primero, y luego siéntate.
Cuando hayas cumplido todo tu cometido, ponte a la mesa, para alegrarte con ellos y recibir una corona por tu buen servicio.
Habla, anciano, que te conviene, pero con sensatez y sin molestar la música.
Donde haya música, no derrames palabras, ni muestres tu sabiduría inoportunamente.
Sello de carbunclo engastado en oro, así es un concierto de música en un banquete.
Sello de esmeralda engastado en oro, así es la melodía de la música acompañada de buen vino.
Habla, joven, sólo si es preciso, apenas si te preguntan dos veces;
sé breve, expresa mucho en pocas palabras, muéstrate conocedor y a la vez callado.
Entre los grandes no te iguales a ellos, y cuando otro anciano habla, no hables mucho.
Antes del trueno viene el relámpago, y antes del hombre modesto, el favor.
Levántate a tiempo y no seas el último; márchate pronto a tu casa.
Allí entreténte y haz lo que quieras, pero no peques con palabras soberbias.
Y por todo ello, bendice a tu Hacedor, que te sacia con sus bienes.
El que teme al Señor recibe su instrucción, y los que madrugan, su favor.
El que busca la ley, se llena de ella; el hipócrita, en cambio, se escandaliza.
Los que temen al Señor alcanzan el derecho, y harán brillar la justicia como una luz.
El pecador rechaza la reprensión, y encuentra excusas para hacer su voluntad.
El hombre sensato no desprecia la reflexión; el extranjero y el soberbio no conocen el temor.
No hagas nada sin consejo, y después de haberlo hecho, no te arrepientas.
No vayas por camino escabroso, no sea que tropieces con las piedras.
No te fíes de un camino llano.
Guárdate aun de tus propios hijos.
En toda obra, confía en tu alma, que eso es guardar los mandamientos.
El que cree en el Señor, atiende al mandamiento, y el que confía en él, no sufrirá daño.