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El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.

Eclesiástico

Capítulo 33

1

Al que teme al Señor, ningún mal le alcanzará; en la prueba le salvará.

2

El sabio no aborrece la ley; el que es hipócrita con ella, es como barco en tempestad.

3

El hombre inteligente confía en la ley, y la ley es para él fiel como el oráculo.

4

Prepara lo que has de decir y serás escuchado; compendia la enseñanza y da respuesta.

5

El corazón del necio es como rueda de carro, y su pensamiento, como eje que da vueltas.

6

Como caballo castrado que relincha, así el amigo burlón; bajo cualquiera que se siente, relincha.

7

¿Por qué un día es más importante que otro, siendo todo el año luz del sol?

8

Por la sabiduría del Señor han sido diferenciados; él creó las estaciones y las fiestas.

9

A unos los ha ensalzado y santificado, y a otros los ha tenido por comunes.

10

Todos los hombres vienen del polvo, y Adán fue creado de la tierra.

11

Con mucha sabiduría el Señor los distinguió y varió sus caminos.

12

A unos los bendijo y ensalzó, a otros los santificó y acercó a sí; a otros los maldijo y humilló, y los arrojó de su lugar.

13

Como la arcilla está en manos del alfarero, para modelarla a su gusto, así el hombre está en manos de su Hacedor, para que le dé según su designio.

14

Al bien se opone el mal, a la muerte la vida; así al justo el pecador. Así considera todas las obras del Altísimo: son dos a dos, una enfrente de la otra.

15

16

Yo he despertado el último de todos, como espigador tras los vendimiadores; con la bendición del Señor he aventajado, y como vendimiador he llenado el lagar.

17

Considerad que no he trabajado para mí solo, sino para todos los que buscan la sabiduría.

18

Escuchadme, grandes del pueblo, y vosotros, príncipes de la asamblea, prestad oído.

19

A hijo o mujer, a hermano o amigo, no des poder sobre ti en vida; no des a otro tus bienes, no sea que te arrepientas y tengas que rogar por ellos.

20

Mientras vivas y te quede aliento, no te entregues a nadie.

21

Más vale que tus hijos te rueguen a ti, que no que tú tengas que mendigar de ellos.

22

En todo lo que hagas, ten la primacía; no manches tu reputación.

23

Cuando llegue el día de acabar tus días y de morir, reparte tu herencia.

24

Pienso, cebo y carga para el asno; pan, castigo y trabajo para el siervo.

25

Pon a tu siervo a trabajar, y hallarás descanso; dale libertad, y buscará la holganza.

26

El yugo y la correa doblan la cerviz; para el siervo malo, potro y tormento.

27

Ponlo a trabajar, para que no esté ocioso; porque la ociosidad enseña mucho mal.

28

Ponlo a trabajar, como le corresponde, y si no obedece, dobla sus cadenas.

29

No excedas con nadie, y no hagas nada sin discernimiento.

30

Si tienes un siervo, trátale como a un hermano, porque lo has adquirido con sangre; si le tratas mal y se va, ¿por dónde irás a buscarle?

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