El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 34
Vanas y engañosas son las esperanzas del insensato, y los sueños levantan el vuelo a los necios.
Como quien abraza una sombra o persigue el viento, así el que se fía en los sueños.
La visión de los sueños es como reflejo de una cosa en otra: la imagen de un rostro frente a otro rostro.
¿De lo inmundo qué puede salir limpio? ¿De lo falso, qué puede ser verdad?
Adivinaciones, agüeros y sueños, todo es vanidad; como los delirios de una mujer encinta.
Si no vienen por disposición del Altísimo, no les prestes atención.
Pues los sueños han extraviado a muchos, y los que esperaban en ellos han fracasado.
La ley se cumple sin mentira, y la sabiduría perfecta está en la boca del fiel.
El hombre que ha viajado sabe muchas cosas, y el hombre de experiencia habla con inteligencia.
El que no tiene experiencia, poco sabe; el que ha viajado, abunda en astucia.
Yo he visto muchas cosas en mis viajes, y entiendo más de lo que puedo expresar.
Muchas veces he estado en peligro de muerte, y por experiencia me he librado.
El espíritu de los que temen al Señor vivirá, porque su esperanza está en quien les salva.
El que teme al Señor no teme nada, y no se asusta, porque él es su esperanza.
¡Dichosa el alma del que teme al Señor! ¿A quién se compara? ¿Quién es su apoyo?
Los ojos del Señor están sobre los que le aman; es escudo poderoso y fuerte defensa, abrigo contra el bochorno, sombra contra el sol del mediodía, guarda contra la caída, auxilio contra la caída.
Él levanta el alma y alegra los ojos, da salud, vida y bendición.
El que ofrece sacrificio de lo injustamente adquirido, su ofrenda es imperfecta, y las burlas de los injustos no son bien recibidas.
El Altísimo no se complace en las ofrendas de los impíos, ni se aplacan los pecados con multitud de sacrificios.
Como quien mata a un hijo delante de su padre, así el que ofrece un sacrificio con los bienes de los pobres.
El pan de los necesitados es la vida de los pobres; quien los defrauda es un homicida.
Como quien quita la vida a su prójimo, así el que le quita el salario; como quien derrama sangre, así el que defrauda al jornalero.
Uno edifica y otro derriba; ¿qué provecho sacan sino cansancio?
Uno ora y otro maldice; ¿a quién de los dos escuchará el Señor?
El que se lava después de tocar a un muerto y vuelve a tocarlo, ¿qué aprovecha su baño?
Así el hombre que ayuna por sus pecados, y vuelve a hacerlos: ¿quién escuchará su oración? ¿qué aprovecha su humillación?