El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 41
¡Oh muerte!, ¡qué amargo es tu recuerdo para el hombre que vive tranquilo en sus posesiones, para el hombre libre de preocupaciones, que es próspero en todo y aún puede saborear la comida!
¡Oh muerte!, grata es tu sentencia para el indigente, para aquel cuyas fuerzas desfallecen, que está en la última edad, preocupado por todo y rebelde, y que ha perdido la esperanza y la paciencia.
No temas la sentencia de la muerte; piensa en los que te precedieron y en los que te sucederán; ésta es la sentencia del Señor sobre toda carne.
¿Qué rechazas, qué apruebas, si no la voluntad del Altísimo? En el sepulcro, da igual vivir diez, cien o mil años.
Los hijos de los pecadores son hijos abominables, y los que frecuentan la morada de los impíos.
La herencia de los hijos de los pecadores perecerá, y con su descendencia el oprobio.
El padre impío será vituperado por sus hijos, porque por su culpa son injuriados.
¡Ay de vosotros, impíos, que habéis abandonado la ley del Dios Altísimo!
Si nacéis, naceis para la maldición, y si morís, la maldición es vuestra herencia.
Todo lo que viene de la tierra a la tierra torna; así los impíos van de la maldición a la perdición.
El duelo de los hombres es por sus cuerpos, pero el nombre infame de los pecadores será borrado.
Cuida tu nombre, que te durará más que mil grandes tesoros de oro.
La vida de un hombre se cuenta en días, pero el buen nombre dura para siempre.
Hijos míos, guardad la instrucción en paz. Sabiduría escondida y tesoro invisible: ¿de qué sirven uno y otro?
Mejor es el hombre que esconde su locura que el que esconde su sabiduría.
Por tanto, avergonzaos según mi dicho, porque no es buena toda vergüenza, ni está bien aceptarlo todo.
Avergonzaos de la fornicación delante de padre y madre, de la mentira delante del príncipe y del poderoso,
de la falta delante del juez y del magistrado, de la iniquidad delante de la asamblea y del pueblo,
de la injusticia delante del compañero y del amigo, del robo delante del lugar donde vives,
de la infidelidad a Dios y a su alianza; de apoyar los codos sobre la mesa, de la falsía al dar y al recibir,
del silencio ante los que te saludan, de mirar a la mujer ramera,
de desviar tu rostro de tu pariente, de desposeer a otro de su hacienda, de mirar a la mujer ajena,
de tener trato con la sierva de otro, y no te acerques a su lecho; de palabras injuriosas delante de tus amigos; después de dar, no zahieras;
de repetir y contar lo oído, y de revelar secretos.
Así tendréis la vergüenza que salva y hallaréis gracia ante todos los hombres.