El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 42
De estas cosas no te avergüences, y no tengas respeto de personas para pecar:
de la ley del Altísimo y de su alianza, de la sentencia que absuelve al impío,
de ajustar cuentas con los compañeros y viajeros, de repartir la herencia con los amigos,
de la exactitud en balanzas y pesos, de la ganancia mucha o poca,
de la ganancia en el comercio, de la disciplina repetida de los hijos, de hacer sangrar al siervo perverso.
Buen sello es la mujer malvada; donde hay muchas manos, echa llave.
Da lo que cuentas con número y peso, y todo lo que das y recibes, por escrito.
No te avergüences de instruir al necio y al tonto, y al viejo decrépito que riñe con los jóvenes; así serás verdaderamente instruido, y aprobado por todos.
El padre vela por la hija, sin darse tregua; la preocupación por ella le quita el sueño: de pequeña, no sea que pase la flor de la edad; de casada, no sea que sea odiada; de doncella, no sea que sea desflorada y quede encinta en casa de su padre; de casada, no sea que se extravíe; de estéril, no sea que sea menospreciada.
Sobre tu hija no seas severo, no sea que te haga el blanco de sus burlas.
Guarda a la hija desvergonzada, no sea que te haga el hazmerreír de tus enemigos, la comidilla de la ciudad, el oprobio del pueblo, y te avergüences ante la multitud.
No te fijes en la belleza de nadie, ni te sientes en medio de mujeres.
Porque de las vestiduras sale la polilla, y de la mujer la maldad.
Más vale la grosería del hombre que la fineza de la mujer, la mujer que avergüenza y deshonra.
Voy a recordar las obras del Señor, y a contar lo que he visto: por las palabras del Señor son sus obras.
El sol que brilla mira todas las cosas, y la obra del Señor está llena de su gloria.
El Señor no ha concedido a sus santos contar todas sus maravillas, que el Señor omnipotente afirmó para gloria del universo.
El sondea el abismo y el corazón, y penetra sus misterios; porque el Altísimo conoce toda ciencia, y ve las señales del tiempo.
Anuncia lo pasado y lo futuro, y descubre las huellas de las cosas ocultas.
No se le escapa ningún pensamiento, ni se le oculta palabra alguna.
Ha embellecido las grandes obras de su sabiduría; él es antes de los siglos y por los siglos; nada se le puede añadir ni quitar; no necesita consejero.
¡Qué deseables son todas sus obras, aunque parecen una chispa!
Todas estas cosas viven y permanecen por siempre, para todas las necesidades, y todas le obedecen.
Todas las cosas son dos a dos, una enfrente de otra, y nada ha hecho incompleto.
Una cosa afianza la excelencia de la otra; ¿quién se hartará de contemplar su gloria?