El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 47
Después de él surgió Natán para profetizar en tiempo de David.
Como se separa la grasa de la ofrenda de comunión, así David fue separado de entre los hijos de Israel.
Jugó con los leones como con cabritos, y con los osos como con corderos.
En su juventud, ¿no mató al gigante, y quitó el oprobio del pueblo, cuando levantó su mano con la honda y derribó la soberbia de Goliat?
Invocó al Señor Altísimo, que dio fuerza a su diestra para abatir al poderoso guerrero y ensalzar el poder de su pueblo.
Por eso le hicieron honor con diez mil, y le alabaron en las bendiciones del Señor, al serle presentada la corona de gloria.
Pues derrotó a los enemigos por todas partes, humilló a los filisteos, sus adversarios, y quebrantó su poder para siempre.
En todas sus obras alabó al Santo Altísimo, con cantos de gloria; con todo su corazón cantó himnos, y amó a su Hacedor.
Instituyó salmistas ante el altar, para que con sus voces endulzaran los cantos,
y hermosura dieran a las fiestas, ordenando los tiempos durante todo el año, mientras alababan el nombre santo del Señor y desde la mañana resonaba el santuario.
El Señor le perdonó sus pecados, y ensalzó su poder para siempre; le dio una alianza real y un trono de gloria en Israel.
Después de él surgió un hijo sabio, que por su causa vivió seguro.
Salomón reinó en días de paz, y Dios le concedió tranquilidad por todas partes, para edificar una casa a su nombre y preparar un santuario perpetuo.
¡Cuán sabio fuiste en tu juventud, henchido de inteligencia como un río!
Tu alma cubrió la tierra, y la llenaste de proverbios sentenciosos.
Te extendiste hasta las islas lejanas, y fuiste amado por tu pacífico gobierno.
Por tus cantos, tus proverbios, tus parábolas y respuestas, te admiraron las naciones.
En nombre del Señor Dios, llamado Dios de Israel, acumulaste oro como estaño y amontonaste plata como plomo.
Pero entregaste tu cuerpo a las mujeres, y te dejaste dominar por ellas.
Manchaste tu gloria y envileciste tu descendencia, atrayendo la ira sobre tus hijos y su necedad,
para que la nación se dividiera en dos, y de Efraím surgiera un reino rebelde.
Pero Dios no retira su misericordia, no deja perecer ninguna de sus obras, no aniquila a los hijos de su elegido, ni destruye la descendencia del que le ama; dio un resto a Jacob y un retoño a David.
Salomón descansó con sus padres, y dejó tras de sí a uno de su descendencia, Roboam, necio del pueblo, falto de inteligencia, que apartó al pueblo con su consejo. Y Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel y enseñó a Efraím el camino del pecado; sus pecados se multiplicaron hasta que fueron desterrados de su tierra,
y cometieron toda clase de maldades, hasta que llegó la venganza sobre ellos.