El Eclesiástico, también conocido como Sabiduría de Jesús Ben Sirá o simplemente Sirácida, es un libro deuterocanónico aceptado en la Biblia Etíope, Católica y Ortodoxa Oriental. Es considerado apócrifo en el protestantismo. El autor es Jesús Ben Sirá, escrito originalmente en hebreo alrededor del 180-175 a.C. y traducido al griego por su nieto aproximadamente en el 132 a.C.
Eclesiástico
Capítulo 51 — Oración de Jesús, hijo de Sirác
Te alabaré, Señor, Rey mío; te ensalzaré, Dios, salvador mío; daré gracias a tu nombre.
Porque has sido mi protector y auxilio, y has librado mi cuerpo de la perdición, del lazo de la lengua calumniadora, de labios que fraguan mentiras; has sido mi auxilio frente a mis adversarios,
y me has salvado, según la grandeza de tu misericordia y de tu nombre, de los dientes de los que me devoraban, de las manos de los que acechaban mi vida, de las muchas tribulaciones que padecí,
de la sofocación de fuego que me envolvía, del interior del fuego que no había encendido,
de lo profundo del vientre del abismo, de labios mentirosos y lengua fraudulenta,
de flecha de lengua engañosa. Mi alma estuvo cerca de la muerte, mi vida a las puertas del abismo.
Me rodeaban por todas partes, no había quien me auxiliara; busqué quien me ayudara, y no hallé a nadie.
Entonces me acordé de tu misericordia, Señor, de tus obras desde siempre, de que libras a los que esperan en ti, y los salvas de las manos de los enemigos.
Elevé mi súplica desde la tierra, rogué me libraras de la muerte.
Invoqué al Señor, Padre de mi Señor: «No me abandones en mis días de tribulación, en tiempo de desgracia, sin ayuda.
Alabaré sin cesar tu nombre, y cantaré himnos de acción de gracias.» Y fue escuchada mi súplica,
pues me libraste de la perdición, me salvaste en tiempo de mal. Por eso te daré gracias y te alabaré, y bendeciré el nombre del Señor.
Cuando era joven todavía, antes de irme de viaje, busqué abiertamente la sabiduría en mi oración.
Delante del santuario rogaba por ella, y hasta el fin la seguiré buscando.
Desde su flor, hasta la madurez de sus frutos, mi corazón se deleitó en ella; mi pie siguió el camino recto, desde mi juventud la he buscado.
Incliné un poco mi oído, y la recibí, y hallé en ella mucha instrucción.
Progresé en ella; al que me da sabiduría, le daré gloria.
Me propuse seguirla, fervientemente busqué el bien; no seré confundido.
Por ella luchó mi alma, en mi proceder fui exacto; extendí mis manos a lo alto, y lloré los primeros deslices de mi ignorancia.
A ella dediqué mi alma, y la hallé limpia; adquirí corazón desde el principio, por eso no seré abandonado.
Mi corazón se conmovió al buscarla; por eso poseí un buen tesoro.
El Señor me dio por recompensa una lengua, y con ella le alabaré.
Acercaos a mí, los faltos de instrucción, y quedaos en la casa de la sabiduría.
¿Por qué os quedáis atrás? ¿Qué decís a esto? Vuestras almas tienen mucha sed.
He abierto mi boca, he hablado: «Adquirid la sabiduría sin dinero,»
someted vuestro cuello a su yugo, y vuestra alma reciba la enseñanza; ella está cerca para ser hallada.
Ved con vuestros ojos: poco trabajé y encontré mucho descanso.
Adquirid la enseñanza con gran suma de dinero, y con ella lograd mucho oro.
Vuestra alma se regocije en su misericordia, y no os avergoncéis de su alabanza.
Realizad vuestro trabajo antes del tiempo, y él os dará vuestra recompensa a su tiempo.