El libro de Isaías es considerado canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en el judaísmo. La tradición etíope incluye el 'Ascensión de Isaías' en secciones apócrifas, pero el texto protocanónico de Isaías está plenamente aceptado.
Isaías
Capítulo 36
Aconteció en el año catorce del rey Ezequías, que Senaquerib rey de Asiria subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó.
Y el rey de Asiria envió a Rabsaces desde Laquis a Jerusalén contra el rey Ezequías, con un grande ejército; y se paró en el acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador.
Y salió a él Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, cronista.
Y Rabsaces les dijo: Decid ahora a Ezequías: Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta que tú tienes?
Yo te digo que lo que tienes son palabras de los labios, para la guerra el consejo y la fuerza. ¿En quién, pues, confías ahora, para que contra mí te hayas rebelado?
He aquí que confías en ese báculo de caña frágil, en Egipto, en el cual si alguien se apoyare, se le entrará por la mano y la traspasará. Así es Faraón rey de Egipto para con todos los que en él confían.
Y si me dijeres: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios; ¿no es aquel cuyos lugares altos y altares quitó Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis?
Ahora, pues, haz, yo te ruego, concierto con mi señor el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes poner jinetes sobre ellos.
¿Cómo, pues, podrás rechazar a un capitán, al menor de los siervos de mi señor, si confías en Egipto por sus carros y jinetes?
¿Acaso he subido yo sin Jehová contra esta tierra para destruirla? Jehová me dijo: Sube contra esta tierra, y destrúyela.
Entonces Eliaquim, Sebna y Joa dijeron a Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos; y no nos hables en lengua de Judá, a oídos del pueblo que está sobre el muro.
Y Rabsaces dijo: ¿Me envió mi señor solamente a tu señor y a ti, para decir estas palabras, y no antes a los hombres que están sobre el muro, que comerán su propio estiércol y beberán su propia orina con vosotros?
Se paró, pues, Rabsaces, y clamó a gran voz en lengua de Judá, diciendo: Oíd las palabras del gran rey, del rey de Asiria.
El rey dice así: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar.
Ni os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Jehová nos librará ciertamente, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria.
No escuchéis a Ezequías, porque el rey de Asiria dice así: Hacedme pleitesía, y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada cual las aguas de su cisterna,
hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas.
No os engañe, pues, Ezequías, diciendo: Jehová nos librará. ¿Acaso los dioses de las naciones libraron cada uno su tierra de la mano del rey de Asiria?
¿Dónde están los dioses de Hamat y de Arfad? ¿Dónde están los dioses de Sefarvaim? ¿Libraron a Samaria de mi mano?
¿Qué dios hay entre todos los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre a Jerusalén de mi mano?
Pero ellos callaron, y no le respondieron palabra; porque el rey había mandado diciendo: No le respondáis.
Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna escriba, y Joa hijo de Asaf, cronista, vinieron a Ezequías con sus vestidos rotos, y le hicieron saber las palabras de Rabsaces.