El libro de Isaías es considerado canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en el judaísmo. La tradición etíope incluye el 'Ascensión de Isaías' en secciones apócrifas, pero el texto protocanónico de Isaías está plenamente aceptado.
Isaías
Capítulo 41
Escuchadme, costas, y esfuércense los pueblos; acérquense, y entonces hablen; estemos juntos a juicio.
¿Quién despertó del oriente al justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, y le hizo enseñorearse de reyes? Los entregó a su espada como polvo, y a su arco como hojarasca que es arrebatada.
Los persiguió y pasó en paz por camino que sus pies nunca había entrado.
¿Quién hizo y realizó esto? ¿Quién llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová, el primero, y yo mismo con los postreros.
Las costas vieron, y tuvieron temor; los confines de la tierra se espantaron; se congregaron y vinieron.
Cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: Esfuérzate.
El carpintero animó al platero, y el que alisa con martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena está esta soldadura; y lo afianzó con clavos para que no se moviese.
Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, simiente de Abraham mi amigo.
Porque te tomé de los extremos de la tierra, y de sus confines te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché.
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
He aquí que todos los que se airan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.
Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que guerrea contra ti.
Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.
He aquí que yo te he puesto como trillo, trillo nuevo, lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo.
Los aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá el torbellino; pero tú te regocijarás en Jehová, y te gloriarás en el Santo de Israel.
Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; su lengua se agosta de sed; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los dejaré.
Abriré ríos en lugares altos, y fuentes en medio de los valles; tornaré el desierto en estanque de aguas, y la tierra seca en manantiales de aguas.
Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente;
para que vean y conozcan, y consideren y entiendan, que la mano de Jehová hace esto, que el Santo de Israel lo ha creado.
Alegad por vuestra causa, dice Jehová; presentad vuestros argumentos, dice el Rey de Jacob.
Que se acerquen, y nos declaren lo que nos ha de suceder; declaradnos lo que ha sido desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también lo postrero, y hacednos saber lo que viene.
Mostrad lo que ha de venir después, para que sepamos que vosotros sois dioses; haced bien, o mal, para que tengamos miedo y temamos juntamente.
He aquí que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad; abominación es el que os escogió.
Del norte levanto a uno, y vendrá; del nacimiento del sol llamará a mi nombre; y pisoteará a los príncipes como lodo, y como pisa el barro el alfarero.
¿Quién lo anunció desde el principio, para que sepamos? ¿O desde tiempos pasados, para que digamos: Justo es? Ciertamente no hay quien anuncie, ciertamente no hay quien declare, ciertamente no hay quien oiga vuestras palabras.
Yo soy el primero que anunciaré a Sion: He aquí, allí están; y a Jerusalén daré un mensajero de alegría.
Miré, y no había nadie, ni entre ellos había consejero que, preguntado yo, respondiese palabra.
He aquí, todos son vanidad, vanas sus obras, viento y vaciedad sus imágenes fundidas.