El libro de Isaías es considerado canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en el judaísmo. La tradición etíope incluye el 'Ascensión de Isaías' en secciones apócrifas, pero el texto protocanónico de Isaías está plenamente aceptado.
Isaías
Capítulo 47
Desciende y siéntate en el polvo, virgen hija de Babilonia; siéntate en tierra, sin trono, hija de los caldeos; porque nunca más te llamarán tierna y delicada.
Toma el molino y muele harina; descubre tus guedejas, descalza los pies, descubre las piernas, pasa los ríos.
Descubiertas serán tus vergüenzas, y se verá tu afrenta; tomaré venganza, y no perdonaré a hombre alguno.
Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel.
Siéntate callada, y métete en tinieblas, hija de los caldeos; porque nunca más te llamarán señora de reinos.
Me airé contra mi pueblo, profané mi heredad, y los entregué en tu mano; no tuviste de ellos misericordia; sobre el anciano agravaste mucho tu yugo.
Y dijiste: Para siempre seré señora. Y no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería.
Oye, pues, ahora esto, voluptuosa, la que está sentada confiadamente, la que dice en su corazón: Yo soy, y no hay otra; no quedaré viuda, ni conoceré orfandad.
Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día: orfandad y viudez; en toda su perfección vendrán sobre ti, a pesar de la multitud de tus hechizos, y de la abundancia de tus encantamientos.
Porque confiaste en tu maldad, y dijiste: Nadie me ve. Tu sabiduría y tu misma ciencia te engañaron, y dijiste en tu corazón: Yo soy, y no hay otra.
Vendrá, pues, sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás; y caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y destrucción que no sabrás, vendrá de repente sobre ti.
Persiste, pues, en tus encantamientos y en la multitud de tus hechicerías, en las cuales has trabajado desde tu juventud; si quizás puedas mejorar, o te fortalezcas.
Te has fatigado en la multitud de tus consejos. Levántense ahora los contempladores de los cielos, los astrólogos, los prognosticadores de los meses, y salven de lo que ha de venir sobre ti.
He aquí que ellos son como tamo; fuego los quema; no podrán librar su vida del poder de la llama; no quedarán brasas para calentarse, ni lumbre delante de la cual se sienten.
Así te serán aquellos con quienes te cansaste, tus negociantes desde tu juventud; cada cual se irá por su camino; ninguno te salvará.