El libro de Isaías es considerado canónico en todas las tradiciones cristianas principales y en el judaísmo. La tradición etíope incluye el 'Ascensión de Isaías' en secciones apócrifas, pero el texto protocanónico de Isaías está plenamente aceptado.
Isaías
Capítulo 51
Oídme, los que seguís la justicia, los que buscáis a Jehová: mirad a la roca de donde fuisteis cortados, y a la caverna de la fosa de donde fuisteis arrancados.
Mirad a Abraham vuestro padre, y a Sara que os dio a luz; porque solo lo llamé, y lo bendije, y lo multipliqué.
Ciertamente consolará Jehová a Sion; consolará todas sus soledades, y tornará su desierto como Edén, y su soledad como huerto de Jehová; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voz de canto.
Estad atentos a mí, pueblo mío, y nación mía, escuchadme; porque la ley saldrá de mí, y mi justicia para luz de los pueblos estableceré.
Cercana está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos; a mí esperarán las costas, y en mi brazo pondrán su esperanza.
Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad la tierra abajo; porque los cielos desaparecerán como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y sus moradores morirán de igual manera; pero mi salvación será para siempre, y mi justicia no perecerá.
Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus vituperios.
Porque como a vestido los comerá la polilla, y como a lana los carcomerá la oruga; pero mi justicia permanecerá para siempre, y mi salvación por generaciones de generaciones.
Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en los tiempos antiguos, como en las edades pasadas. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que traspasó al dragón?
¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó las profundidades del mar en camino para que pasasen los redimidos?
Así volverán los redimidos de Jehová, y vendrán con canto a Sion; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; alcanzarán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.
Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como la hierba?
Y te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra, y has estado temiendo continuamente todo el día a causa del furor del que te oprime, cuando se disponía a destruirte. ¿Dónde está el furor del que te oprime?
El que está encorvado se apresurará a ser suelto, y no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan.
Porque yo soy Jehová tu Dios, que agito el mar, y hacen rugir sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre.
Y puse mis palabras en tu boca, y con la sombra de mi mano te cubrí, para extender los cielos, para echar los cimientos de la tierra, y para decir a Sion: Pueblo mío eres tú.
Despiértate, despiértate, levántate, Jerusalén, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su furor; el cáliz del vértigo bebiste, y lo agotaste.
De todos los hijos que dio a luz, no hay quien la guíe; ni quien la tome de la mano, de todos los hijos que crió.
Estas dos cosas te han acontecido; ¿quién te compadecerá? Asolamiento y quebrantamiento, hambre y espada; ¿quién te consolará?
Tus hijos desmayaron; están postrados en las cabeceras de todas las calles, como toro salvaje en la red; llenos están del furor de Jehová, de la ira de tu Dios.
Por tanto, oye ahora esto, afligida, ebria, pero no de vino.
Así dice tu Señor Jehová, tu Dios, que defiende a su pueblo: He aquí que he quitado de tu mano el cáliz del vértigo; el cáliz de mi furor, nunca más lo beberás.
Y lo pondré en mano de tus verdugos, que te dijeron: Póstrate para que pasemos. Y tú pusiste tu cuerpo como tierra, y como camino para los que pasaban.