El libro de Jeremías es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas. En el canon etíope se encuentra dentro del grupo de los 'Profetas Mayores'. La versión de la Septuaginta (LXX) difiere en la disposición de los capítulos 46-51 (oráculos contra las naciones) que aparecen en el centro del libro (entre 25:13 y 25:14), mientras que en el texto masorético (base de las biblias protestantes y católicas) aparecen al final.
Jeremías
Capítulo 17
El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares;
teniendo en memoria sus hijos sus altares y sus imágenes de Asera junto a los árboles frondosos, sobre los altos collados.
Oh mi monte en el campo, tu hacienda y todos tus tesoros entregaré al pillaje, y por causa de tu pecado, en todos tus términos.
Y tú por tu propia mano perderás la heredad que yo te había dado; y te haré servir a tus enemigos en la tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, y para siempre arderá.
Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.
Será como la retama en el desierto, y no verá cuando venga el bien; sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.
Bendito es el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.
Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se angustiará, ni dejará de dar fruto.
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.
Como la perdiz que cubre lo que no puso, es el que allega riquezas, mas no con justicia; en medio de sus días las dejará, y en su postrimería será insensato.
Trono de gloria, excelso desde el principio, es el lugar de nuestro santuario.
Jehová, esperanza de Israel, todos los que te dejan serán avergonzados; los que se apartan de mí serán escritos en el polvo, porque dejaron a Jehová, fuente de agua viva.
Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza.
He aquí que ellos me dicen: ¿Dónde está la palabra de Jehová? Venirse ha.
Mas yo no he procurado ser pastor en pos de ti, ni he deseado el día angustioso; tú sabes lo que ha salido de mis labios; está delante de ti.
No me seas por espanto; refugio mío eres tú en el día del mal.
Avergüéncense los que me persiguen, y no me avergüence yo; asómbrense ellos, y no me asombre yo; trae sobre ellos el día del mal, y quebrántalos con doble quebrantamiento.
Así me dijo Jehová: Ve y ponte a la puerta de los hijos del pueblo, por la cual entran y salen los reyes de Judá, y en todas las puertas de Jerusalén;
y diles: Oíd palabra de Jehová, reyes de Judá, y todo Judá, y todos los moradores de Jerusalén, que entráis por estas puertas.
Así ha dicho Jehová: Guardaos por vuestras vidas, no llevéis carga en el día de reposo, ni la metáis por las puertas de Jerusalén.
Ni saquéis carga de vuestras casas en el día de reposo, ni hagáis obra alguna; sino santificad el día de reposo, como lo mandé a vuestros padres.
Pero no escucharon ni inclinaron su oído, antes endurecieron su cerviz para no oír, ni recibir enseñanza.
Mas si vosotros me obedeciereis, dice Jehová, no metiendo carga por las puertas de esta ciudad en día de reposo, sino santificando el día de reposo, no haciendo en él ninguna obra,
entrarán por las puertas de esta ciudad los reyes y los príncipes que se sientan en el trono de David, y que van en carros y en caballos, ellos y sus príncipes, los varones de Judá y los moradores de Jerusalén; y esta ciudad será habitada para siempre.
Y vendrán de las ciudades de Judá, y de los alrededores de Jerusalén, y de la tierra de Benjamín, y de la llanura, y de las montañas, y del sur, trayendo holocausto y sacrificio y ofrenda, e incienso y trayendo ofrenda de alabanza a la casa de Jehová.
Mas si no me oyereis para santificar el día de reposo, y para no traer carga, ni meterla por las puertas de Jerusalén en día de reposo, yo encenderé fuego en sus puertas, el cual consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará.