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El libro de Jeremías es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas. En el canon etíope se encuentra dentro del grupo de los 'Profetas Mayores'. La versión de la Septuaginta (LXX) difiere en la disposición de los capítulos 46-51 (oráculos contra las naciones) que aparecen en el centro del libro (entre 25:13 y 25:14), mientras que en el texto masorético (base de las biblias protestantes y católicas) aparecen al final.

Jeremías

Capítulo 2

1

Vino palabra de Jehová a mí, diciendo:

2

Ve y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.

3

Santidad era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que lo devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice Jehová.

4

Oíd palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de la casa de Israel.

5

Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y anduvieron tras la vanidad, y se hicieron vanos?

6

Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni habitó allí nadie?

7

Y os traje a tierra fértil, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad.

8

Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? Y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron en pos de lo que no aprovecha.

9

Por tanto, contenderé aún con vosotros, dice Jehová, y con los hijos de vuestros hijos contenderé.

10

Pues pasad a las costas de Quitim, y mirad; enviad a Cedar, y observad bien, y ved si tal cosa ha sucedido.

11

¿Ha cambiado alguna nación sus dioses, aunque ellos no son dioses? Pero mi pueblo ha cambiado su gloria por lo que no aprovecha.

12

Pasmaos, cielos, sobre esto; horrorizaos y desolaos en gran manera, dice Jehová.

13

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

14

¿Es Israel siervo? ¿Es esclavo? ¿Por qué ha sido para ser presa?

15

Los cachorros del león rugieron sobre él, dieron su voz; y asolaron su tierra, fueron quemadas sus ciudades, no quedó morador.

16

También los hijos de Menfis y de Tafnes te apacentaron la coronilla.

17

¿No te ha causado esto el haber dejado a Jehová tu Dios, cuando te guiaba por el camino?

18

Ahora, pues, ¿para qué visitas el camino de Egipto para beber las aguas del Nilo? ¿Y para qué visitas el camino de Asiria para beber las aguas del Éufrates?

19

Tu maldad te castigará, y tus descarríos te reprenderán; sabe, pues, y mira cuán malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar en ti el temor de mí, dice el Señor, Jehová de los ejércitos.

20

Porque hace mucho tiempo que rompiste tu yugo y tus ataduras, y dijiste: No serviré. Sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas cual ramera.

21

Yo te había plantado de vid escogida, semilla verdadera toda ella; ¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?

22

Aunque te laves con lejía, y amontones jabón, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dice Jehová el Señor.

23

¿Cómo dirás: No soy inmunda, nunca anduve tras los baales? Mira tu camino en el valle, conoce lo que has hecho: dromedaria ligera que se enreda en sus caminos;

24

asna montés acostumbrada al desierto, que en el antojo de su deseo resopla, ¿quién la detendrá? Todos los que la buscan no se cansarán, en su mes la hallarán.

25

Guarda tu pie de andar descalzo, y tu garganta de la sed. Mas dijiste: No hay remedio; porque a los extraños amé, y tras ellos he de ir.

26

Como se avergüenza el ladrón cuando es sorprendido, así se avergonzó la casa de Israel; ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas,

27

que dicen a un palo: Mi padre eres tú; y a una piedra: Tú me has dado a luz. Porque me volvieron la cerviz, y no el rostro; y en el tiempo de su calamidad dijeron: Levántate, y líbranos.

28

¿Dónde están tus dioses que hiciste para ti? Levántense ellos, si te pueden ayudar en el tiempo de tu aflicción; porque según el número de tus ciudades, oh Judá, fueron tus dioses.

29

¿Por qué pleiteáis conmigo? Todos vosotros prevaricasteis contra mí, dice Jehová.

30

En vano he herido a vuestros hijos; no han recibido corrección; vuestra espada devoró a vuestros profetas como león destructor.

31

¡Oh generación, mirad vosotros la palabra de Jehová! ¿He sido yo un desierto para Israel? ¿O tierra de tinieblas? ¿Por qué ha dicho mi pueblo: Nos hemos apartado, no vendremos más a ti?

32

¿Se olvida la virgen de su atavío, o la desposada de sus galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por días innumerables.

33

¡Cómo engalanas tu camino para buscar amores! Hasta a las malvadas has enseñado tus caminos.

34

Además, en tus faldas se halló la sangre de las almas de los pobres inocentes; no fue en la excavación, sino encima de la encina.

35

Y dices: Seré castigada, porque hice abominación. Pero ¿qué? Pasa presto tu nube, no seas como el desierto. Mas tú dijiste: No hay remedio; porque a extraños amé, y tras ellos iré.

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Jeremias em Português — Bíblia Etíope | Kanon.Bible