El libro de Jeremías es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas. En el canon etíope se encuentra dentro del grupo de los 'Profetas Mayores'. La versión de la Septuaginta (LXX) difiere en la disposición de los capítulos 46-51 (oráculos contra las naciones) que aparecen en el centro del libro (entre 25:13 y 25:14), mientras que en el texto masorético (base de las biblias protestantes y católicas) aparecen al final.
Jeremías
Capítulo 35
Palabra que vino a Jeremías de Jehová en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, diciendo:
Ve a casa de los recabitas, y habla con ellos, y llévalos a la casa de Jehová, a una de las cámaras, y dales a beber vino.
Tomé entonces a Jaazanías hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, a sus hermanos y a todos sus hijos, y a toda la casa de los recabitas,
y los metí en la casa de Jehová, en la cámara de los hijos de Hanán hijo de Igdalías, varón de Dios, la cual estaba cerca de la cámara de los príncipes, que estaba sobre la cámara de Maasías hijo de Salum, guarda de la puerta.
Y puse delante de los hijos de la casa de los recabitas vasijas llenas de vino, y copas, y les dije: Bebed vino.
Y dijeron: No beberemos vino, porque Jonadab hijo de Recab, nuestro padre, nos ordenó, diciendo: No beberéis vino jamás vosotros ni vuestros hijos;
ni edificaréis casa, ni sembraréis sementera, ni plantaréis viña, ni la poseeréis; sino que moraréis en tiendas todos vuestros días, para que viváis muchos días sobre la faz de la tierra donde vosotros moráis.
Nosotros, pues, hemos obedecido a la voz de Jonadab hijo de Recab, nuestro padre, en todo cuanto nos mandó, de no beber vino en todos nuestros días, nosotros, nuestras mujeres, nuestros hijos y nuestras hijas,
y de no edificar casas para nosotros, ni tener viña, ni campo, ni sementera;
sino que habitamos en tiendas, y obedecemos e hicimos conforme a todo lo que nos mandó Jonadab nuestro padre.
Pero cuando Nabucodonosor rey de Babilonia subió contra esta tierra, dijimos: Venid, y refugiémonos en Jerusalén por miedo del ejército de los caldeos y por miedo del ejército de los sirios; así hemos habitado en Jerusalén.
Vino, pues, palabra de Jehová a Jeremías, diciendo:
Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Ve, y di a los varones de Judá y a los moradores de Jerusalén: ¿No aprenderéis jamás a escuchar mis palabras? dice Jehová.
Las palabras de Jonadab hijo de Recab, que mandó a sus hijos que no bebiesen vino, se han cumplido; pues no lo han bebido hasta hoy, porque obedecen el mandamiento de su padre; mas en cuanto a mí, os he hablado desde temprano y sin cesar, y no me habéis oído.
Envié también a vosotros todos mis siervos los profetas, madrugando y enviándolos, a deciros: Volveos ahora cada uno de su mal camino, y mejorad vuestras obras, y no vayáis tras dioses ajenos, ni los sirváis, y así moraréis en la tierra que os di a vosotros y a vuestros padres; pero no habéis inclinado vuestro oído ni me habéis escuchado.
Ciertamente los hijos de Jonadab hijo de Recab cumplieron el mandamiento de su padre que él les mandó; mas este pueblo no me ha escuchado.
Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo sobre Judá y sobre todos los moradores de Jerusalén todo el mal que he pronunciado contra ellos; porque les hablé y no oyeron, los llamé y no respondieron.
Y a la casa de los recabitas dijo Jeremías: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Por cuanto obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todo lo que os mandó;
por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará varón de Jonadab hijo de Recab que esté en mi presencia todos los días.