El libro de Jeremías es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas. En el canon etíope se encuentra dentro del grupo de los 'Profetas Mayores'. La versión de la Septuaginta (LXX) difiere en la disposición de los capítulos 46-51 (oráculos contra las naciones) que aparecen en el centro del libro (entre 25:13 y 25:14), mientras que en el texto masorético (base de las biblias protestantes y católicas) aparecen al final.
Jeremías
Capítulo 46
Palabra de Jehová que vino al profeta Jeremías contra las naciones.
Contra Egipto: contra el ejército de Faraón Necao, rey de Egipto, que estaba junto al río Eufrates en Carquemis, al cual hirió Nabucodonosor rey de Babilonia en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá.
Preparad escudo y pavés, y acercaos a la batalla.
Uncid los caballos, y subid, jinetes; poneos en orden con cascos; pulid las lanzas, vestíos de corazas.
¿Por qué los veo medrosos, que vuelven las espaldas? Sus valientes son derrotados; huyen de muerte, no miran atrás; temor de todas partes, dice Jehová.
No huya el ligero, ni se escape el valiente; al norte, junto al río Eufrates, tropezaron y cayeron.
¿Quién es este que sube como el Nilo, y cuyas aguas se agitan como los ríos?
Egipto es como el Nilo, y como los ríos sus aguas se agitan; y dijo: Subiré, cubriré la tierra, destruiré la ciudad y a los que en ella moran.
Subid, caballos; y corred, carros; y salgan los valientes: los etíopes y los de Libia que toman escudo, y los de Lidia que toman y entesan arco.
Pero aquel día es del Señor Jehová de los ejércitos, día de venganza, para vengarse de sus enemigos. La espada devorará y se saciará, y se embriagará de la sangre de ellos; porque sacrificio hay al Señor Jehová de los ejércitos en la tierra del norte, junto al río Eufrates.
Sube a Galaad, y toma bálsamo, oh virgen hija de Egipto; en vano multiplicarás remedios, pues no hay curación para ti.
Las naciones oyeron tu afrenta, y tu clamor llenó la tierra; porque el fuerte tropezó con el fuerte, y ambos a dos cayeron juntos.
Palabra que habló Jehová al profeta Jeremías, acerca de la venida de Nabucodonosor rey de Babilonia para herir la tierra de Egipto.
Anunciad en Egipto, y haced saber en Migdol; haced saber también en Menfis y en Tafnes: Decid: Levántate, y prepárate, porque la espada devorará tus alrededores.
¿Por qué han sido derribados tus valientes? No pudieron mantenerse, porque Jehová los derribó.
Multiplicó los tropezadores, y cayó cada uno sobre su compañero, y dijeron: Levántate, y volvámonos a nuestro pueblo y a la tierra de nuestro nacimiento, de delante de la espada vengadora.
Llamaron allí a Faraón rey de Egipto: Ruido; dejó pasar el tiempo señalado.
Vivo yo, dice el Rey, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos, que como Tabor entre los montes, y como Carmel junto al mar, así vendrá.
Prepárate para llevar cautiverio, moradora hija de Egipto; porque Menfis será asolada, será arrasada hasta no quedar morador.
Becerra hermosa es Egipto; pero viene destrucción del norte; viene.
También sus mercenarios en medio de ella, como becerros engordados; también ellos volvieron las espaldas, huyeron a una, no resistieron; porque vino sobre ellos el día de su calamidad, el tiempo de su visitación.
Su voz se oirá como de culebra, porque el ejército vendrá con ejército; vendrán contra ella con hachas, como leñadores.
Cortarán su bosque, dice Jehová, aunque sea inescrutable, porque más numerosos son que langostas, y no tienen número.
Será avergonzada la hija de Egipto; será entregada en mano del pueblo del norte.
Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, dijo: He aquí que yo castigaré al dios de Amón de No, a Faraón y a los que confían en él.
Y los entregaré en mano de los que buscan su vida, en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, y en mano de sus siervos; mas después será habitada como en los días pasados, dice Jehová.
Tú, pues, siervo mío Jacob, no temas, ni te atemores, oh Israel; porque he aquí que yo te salvo de lejanas tierras, y a tu descendencia de la tierra de su cautiverio; y volverá Jacob, y reposará, y será tranquilo, y no habrá quien lo atemorice.
Tú, Jacob, siervo mío, no temas, dice Jehová, porque yo estoy contigo; porque destruiré a todas las naciones entre las cuales te hice ser esparcido, mas a ti no te destruiré; sino que te castigaré con justicia, y no te dejaré del todo sin castigo.