El libro de Jeremías es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas. En el canon etíope se encuentra dentro del grupo de los 'Profetas Mayores'. La versión de la Septuaginta (LXX) difiere en la disposición de los capítulos 46-51 (oráculos contra las naciones) que aparecen en el centro del libro (entre 25:13 y 25:14), mientras que en el texto masorético (base de las biblias protestantes y católicas) aparecen al final.
Jeremías
Capítulo 52
Era Sedequías de veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Hamutal hija de Jeremías, de Libna.
E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todo lo que hizo Joacim.
Y por causa de la ira de Jehová, llegó el caso que fue echado de su presencia Jerusalén y Judá; y Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia.
Y aconteció en el año noveno de su reinado, en el mes décimo, a los diez del mes, que vino Nabucodonosor rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalén, y la pusieron sitio; y contra ella edificaron fortalezas alrededor.
Y estuvo la ciudad sitiada hasta el año undécimo del rey Sedequías.
En el mes cuarto, a los nueve días del mes, el hambre apremiaba en la ciudad, y no había pan para el pueblo de la tierra.
Entonces fue abierta la ciudad, y los hombres de guerra huyeron y salieron de la ciudad de noche por el camino de la puerta que está entre los dos muros, la cual está en el huerto del rey (y estaban los caldeos contra la ciudad en derredor), y se fueron por el camino del llano.
Mas el ejército de los caldeos fue en alcance del rey, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó, y toda su gente fue esparcida.
Y prendieron al rey, e hiciéronle subir al rey de Babilonia, en Ribla, en tierra de Hamat, y él pronunció sentencia contra él.
Y el rey de Babilonia degolló a los hijos de Sedequías, delante de sus ojos; también degolló a todos los príncipes de Judá en Ribla.
Y a Sedequías sacó los ojos, y le ató con cadenas; y llevóle el rey de Babilonia a Babilonia, y le tuvo en la casa de la cárcel hasta el día de su muerte.
Y en el mes quinto, a los diez días del mes (que era el año diecinueve del rey Nabucodonosor, rey de Babilonia), vino Nabuzaradán, capitán de la guardia, que servía delante del rey de Babilonia, a Jerusalén.
Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; y todas las casas grandes las quemó con fuego.
Y todo el ejército de los caldeos que estaba con el capitán de la guardia, derribó todos los muros que rodeaban a Jerusalén.
Y a los más pobres del pueblo, y al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y a los que se habían pasado al rey de Babilonia, y al resto de la multitud, Nabuzaradán, capitán de la guardia, llevó cautivos.
Mas de los más pobres de la tierra dejó Nabuzaradán, capitán de la guardia, para que fuesen labradores y viñeros.
Asimismo los caldeos quebraron las columnas de bronce que estaban en la casa de Jehová, y las basas, y el mar de bronce que estaba en la casa de Jehová; y llevaron todo el bronce a Babilonia.
Se llevaron también las ollas, las palas, las despabiladeras, los tazones, las cucharas, y todos los utensilios de bronce que se empleaban en el ministerio.
Y el capitán de la guardia se llevó los tazones, los incensarios, los tazones de aspersión, las ollas, los candeleros, las cucharas y las copas; todo lo que era de oro y lo que era de plata.
Las dos columnas, un mar, los doce bueyes de bronce que estaban debajo de las basas, que había hecho el rey Salomón en la casa de Jehová; el bronce de todos estos utensilios era sin peso.
En cuanto a las columnas, la altura de cada columna era de dieciocho codos, y un hilo de doce codos la medía alrededor; y su grueso era de cuatro dedos, y hueca.
Y había sobre ella un capitel de bronce; la altura de un capitel era de cinco codos; y alrededor del capitel había una redecilla y granadas, todo de bronce; y lo mismo era la segunda columna con sus granadas.
Y había noventa y seis granadas a los lados; todas las granadas sobre la redecilla alrededor eran ciento.
Tomó también el capitán de la guardia a Seraías, primer sacerdote, y a Sofonías, segundo sacerdote, y a tres guardianes de la puerta.
Y de la ciudad tomó un eunuco que era capitán de los hombres de guerra, y siete hombres de los que estaban junto al rey, que fueron hallados en la ciudad, y al escriba principal del ejército, que alistaba la gente de guerra de la tierra; y a sesenta hombres del pueblo de la tierra que fueron hallados en medio de la ciudad.
Y tomándolos Nabuzaradán, capitán de la guardia, los llevó al rey de Babilonia, en Ribla.
Y el rey de Babilonia los hirió y los mató en Ribla, en tierra de Hamat. Así fue llevado Judá cautivo de su tierra.
Este es el pueblo que Nabucodonosor llevó cautivo: en el año séptimo, a los judíos tres mil veintitrés;
en el año dieciocho de Nabucodonosor, llevó cautivas de Jerusalén ochocientas treinta y dos personas;
en el año veintitrés de Nabucodonosor, Nabuzaradán, capitán de la guardia, llevó cautivos a setecientos cuarenta y cinco judíos; todas las personas fueron cuatro mil seiscientas.
Y aconteció que en el año treinta y siete de la cautividad de Joaquín rey de Judá, en el mes duodécimo, a los veinticinco del mes, Evil-merodac rey de Babilonia, en el año que comenzó a reinar, levantó la cabeza de Joaquín rey de Judá, y lo sacó de la cárcel.
Y habló con él bien, y puso su trono sobre los tronos de los reyes que estaban con él en Babilonia.
Y le hizo mudar las vestiduras de su prisión, y él comió siempre pan delante de él todos los días de su vida.
Y en cuanto a su comida, le fue dada siempre de parte del rey de Babilonia, cada cosa en su día, hasta el día de su muerte, todos los días de su vida.