El libro de Jeremías es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas. En el canon etíope se encuentra dentro del grupo de los 'Profetas Mayores'. La versión de la Septuaginta (LXX) difiere en la disposición de los capítulos 46-51 (oráculos contra las naciones) que aparecen en el centro del libro (entre 25:13 y 25:14), mientras que en el texto masorético (base de las biblias protestantes y católicas) aparecen al final.
Jeremías
Capítulo 9
¡Quién diera mi cabeza fuese agua, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo!
¡Quién diera en el desierto una posada de caminantes, para que dejase a mi pueblo, y de ellos me apartara! Porque todos ellos son adúlteros, reunión de prevaricadores.
E incurvan su lengua como su arco, para mentira; no son valientes para la verdad en la tierra; porque de mal en mal procedieron, y no me conocieron, dice Jehová.
Guardaos cada uno de su compañero, ni de ningún hermano os fiéis; porque todo hermano da zancadilla, y todo compañero anda con chismes.
Y cada uno engaña a su compañero, y no habla verdad; enseñaron su lengua a hablar mentira, se cansaron de hacerlo así.
Tu morada es en medio de engaño; por causa del engaño me dejaron de conocer, dice Jehová.
Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los fundiré y probaré; porque ¿cómo he de obrar de otra manera con la hija de mi pueblo?
Saeta afilada es la lengua de ellos, engaño habla; con su boca dice paz a su amigo, y dentro de sí pone sus asechanzas.
¿No he de castigarles por esto? dice Jehová. ¿De una gente semejante no se ha de vengar mi alma?
Por los montes levantaré lloro y endechas, y por las cañadas del desierto lamentación; porque fueron consumidos hasta no quedar quien pase, ni oyeron balido de ganado; desde las aves del cielo hasta las bestias, huyeron, se fueron.
Y tornaré a Jerusalén en montones de ruinas, en guarida de chacales; y convertiré las ciudades de Judá en desolación, hasta no quedar morador.
¿Quién es hombre sabio que entienda esto? ¿Y a quién habló la boca de Jehová, para que lo declare? ¿Por qué pereció la tierra, y fue asolada como desierto, hasta no quedar quien pase?
Y dijo Jehová: Porque dejaron mi ley que puse delante de ellos, y no obedecieron a mi voz ni anduvieron conforme a ella;
sino que anduvieron tras la imaginación de su corazón, y en pos de los baales, como les enseñaron sus padres.
Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo daré de comer a este pueblo ajenjo, y les daré a beber aguas de hiel;
y los esparciré entre gentes que no conocieron ellos ni sus padres, y enviaré tras ellos la espada hasta que los consuma.
Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Considerad, y llamad a endechadoras que vengan; enviad por las sabias, que vengan;
y dense prisa, y levanten endechas sobre nosotros, y lloren nuestros ojos, y nuestros párpados destilen aguas.
Porque voz de endechas se oyó de Sion: ¡Cómo estamos destruidos! En gran manera estamos avergonzados, porque dejamos la tierra, porque han trastornado nuestras moradas.
Oíd, pues, mujeres, palabra de Jehová, y vuestro oído reciba la palabra de su boca, y enseñad endechas a vuestras hijas, y cada una a su compañera lamentación.
Porque la muerte subió por nuestras ventanas, entró en nuestros palacios, para exterminar a los niños de la calle, y a los jóvenes de las plazas.
Habla: Así dice Jehová: Los cuerpos muertos de los hombres cayeron como estiércol sobre la faz del campo, y como gavillas tras el segador, y no hay quien las recoja.
Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.
Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.
He aquí que vienen días, dice Jehová, en que castigaré a todo circuncidado solamente en el prepucio:
a Egipto, a Judá, a Edom, a los hijos de Amón, a Moab y a todos los que rapan las sienes, los que moran en el desierto; porque todas las naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.