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En la tradición hebrea, el libro se llama 'Eikhah' ('¡Cómo!'), por la primera palabra del texto. En las Biblias cristianas sigue al libro de Jeremías, ya que tradicionalmente se atribuye a este profeta, quien habría compuesto estas elegías tras la destrucción de Jerusalén por los babilonios en el 586 a.C. Es uno de los 'Cinco Rollos' (Megillot) leídos en el noveno día del mes de Av, que conmemora la caída del Primer y Segundo Templo.

Lamentaciones

Capítulo 2 — Las tristezas de Sion vienen de Jehová

1

¡Cómo ha cubierto el Señor de nube a la hija de Sion con su furor! Ha echado del cielo a la tierra la hermosura de Israel, Y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su ira.

2

Destruyó el Señor, sin compasión todas las moradas de Jacob; Derribó en su furor las fortalezas de la hija de Judá; Derribó hasta la tierra; profanó el reino y sus príncipes.

3

Cortó con el ardor de su ira todo el poder de Israel; Retiró su diestra delante del enemigo; Encendió en Jacob como llama de fuego que ha consumido todo.

4

Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano como adversario, Y mató a todo lo agradable a la vista; En la tienda de la hija de Sion derramó como fuego su enojo.

5

Llegó a ser el Señor como enemigo; Destruyó a Israel; Destruyó todos sus palacios, arruinó sus fortalezas; Y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y el llanto.

6

Y violó su tabernáculo como si fuese una huerta; Destruyó su lugar de congregación; Jehová ha hecho olvidar en Sion solemnidades y días de reposo, Y desechó en el furor de su ira al rey y al sacerdote.

7

Desechó el Señor su altar, abominó su santuario; Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios; Dieron gritos en la casa de Jehová como en día de fiesta solemne.

8

Jehová determinó destruir el muro de la hija de Sion; Extendió su cordel, no retrajo su mano de destruir; Hizo, pues, que el antemuro y el muro se lamentaran, fueron destruidos juntamente.

9

Sus puertas cayeron por tierra; Destruyó y quebrantó sus cerrojos; Su rey y sus príncipes están entre las naciones; Ya no hay ley, ni sus profetas hallan visión de Jehová.

10

Sentábanse en tierra, callaban los ancianos de la hija de Sion; Echaron polvo sobre sus cabezas, se ciñeron de cilicio; Las vírgenes de Jerusalén inclinaron su cabeza a tierra.

11

Mis ojos desfallecen de lágrimas, se conmueven mis entrañas, Mi hiel se derrama por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo, Cuando desfallecía el niño y el que mamaba en las plazas de la ciudad.

12

Decían a sus madres: ¿Dónde hay pan y vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, Al exhalar su espíritu en el regazo de sus madres.

13

¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, oh hija de Jerusalén? ¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de Sion? Porque grande es tu quebrantamiento como el mar; ¿quién te sanará?

14

Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; Y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio, Sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.

15

Batieron las manos sobre ti todos los que pasaban por el camino; Silbaron y movieron sus cabezas sobre la hija de Jerusalén, diciendo: ¿Es esta la ciudad que decían: perfecta en hermosura, el gozo de toda la tierra?

16

Todos tus enemigos abrieron sobre ti su boca; Silbaron y rechinaron sus dientes; dijeron: Devorámosla. Ciertamente este es el día que esperábamos; lo hemos hallado, lo hemos visto.

17

Jehová ha hecho lo que tenía determinado; ha cumplido su palabra pronunciada desde tiempos antiguos. Ha destruído sin compasión; ha alegrado sobre ti al enemigo, y ha enaltecido el poder de tus adversarios.

18

El corazón de ellos clamaba al Señor. Oh muro de la hija de Sion, echa lágrimas como un torrente día y noche; no descanses, ni cesen las niñas de tus ojos.

19

Levántate, da gritos en la noche al comenzar las vigilias; Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; Alza a él tus manos por la vida de tus niños, que desfallecen de hambre en las calles.

20

Mira, oh Jehová, y considera a quién has hecho así. ¿Han de comer las mujeres su fruto, los niños de sus crías? ¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta?

21

Muchachos y viejos yacían por tierra en las calles; Mis vírgenes y mis jóvenes cayeron a espada; Mataste en el día de tu ira; degollaste, no perdonaste.

22

Has convocado, como en día de fiesta, mis temores de todas partes; Y en el día de la ira de Jehová no hubo quien escapase ni quedase; Los que yo crie y multipliqué, mi enemigo los ha consumido.

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