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En el canon bíblico etíope, el Libro de Baruc forma parte del 'Ciclo de Jeremías', que incluye textos adicionales no encontrados en las Biblias occidentales. En la tradición occidental, Baruc es un libro deuterocanónico. En muchas Biblias, la Carta de Jeremías (capítulo 6 de Baruc) se presenta como un libro separado. En la versión Reina-Valera 1960 (RVR1960), la Carta de Jeremías está incorporada como el capítulo 6 de Baruc.

Baruc

Capítulo 2

1

Por tanto, el Señor cumplió su palabra, la cual pronunció contra nosotros, y contra nuestros jueces que gobernaron a Israel, y contra nuestros reyes, y contra nuestros príncipes, y contra los varones de Israel y de Judá,

2

trayendo sobre nosotros grandes males, cuales nunca acontecieron debajo del cielo, como aconteció en Jerusalén, conforme a las cosas que están escritas en la ley de Moisés;

3

que comiésemos cada uno la carne de su hijo, y cada uno la carne de su hija.

4

Además los puso en sujeción a todos los reinos que están alrededor de nosotros, para ser afrenta y desolación entre todos los pueblos de alrededor, donde el Señor los esparció.

5

Así fueron abatidos, y no enaltecidos, porque pecamos contra el Señor nuestro Dios, y no escuchamos su voz.

6

Del Señor nuestro Dios es la justicia; mas de nosotros y de nuestros padres la confusión de rostro, como en este día.

7

Todos estos males nos han venido, los cuales el Señor había pronunciado contra nosotros.

8

Y no hemos implorado el favor del Señor, convirtiéndonos cada uno de los pensamientos de su malvado corazón.

9

Y veló el Señor sobre los males, y los ha traído sobre nosotros; porque el Señor es justo en todas sus obras que nos ha mandado hacer.

10

Mas no hemos escuchado su voz, para andar en los mandamientos que el Señor puso delante de nosotros.

11

Y ahora, Señor, Dios de Israel, que sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano fuerte, con señales y con prodigios, y con grande poder y brazo extendido, y te has hecho nombre como en este día:

12

hemos pecado, hemos hecho impíamente, hemos obrado inicuamente en todas tus justificaciones.

13

Apártese de nosotros tu ira, porque somos pocos entre las naciones donde nos has esparcido.

14

Oye, oh Señor, nuestra oración y nuestro ruego, y líbranos por amor de tu nombre, y danos gracia delante de los que nos tienen cautivos;

15

para que sepa toda la tierra que tú eres el Señor nuestro Dios, y que tu nombre es invocado sobre Israel y sobre su posteridad.

16

Oh Señor, mira desde tu santa casa, y considéranos; inclina, oh Señor, tu oído, y oye.

17

Abre tus ojos, y mira; porque los muertos que están en el sepulcro, cuya alma ha sido quitada de sus cuerpos, no darán al Señor gloria ni justicia;

18

sino el alma que está muy afligida, la que va encorvada y débil, los ojos desfallecidos, y el alma hambrienta, te darán gloria y justicia, oh Señor.

19

Porque no presentamos nuestras oraciones delante de ti, oh Señor Dios nuestro, por la justicia de nuestros padres y de nuestros reyes.

20

Pues has enviado tu ira y tu furor sobre nosotros, como hablaste por mano de tus siervos los profetas, diciendo:

21

Así ha dicho el Señor: Inclinen sus hombros para servir al rey de Babilonia, y permanecerán en la tierra que di a vuestros padres.

22

Mas si no escuchareis la voz del Señor para servir al rey de Babilonia,

23

haré cesar de las ciudades de Judá, y de las afueras de Jerusalén, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa; y toda la tierra será desierta hasta quedar sin morador.

24

Mas no escuchamos tu voz para servir al rey de Babilonia; por tanto, confirmaste las palabras que hablaste por mano de tus siervos los profetas, que los huesos de nuestros reyes y los huesos de nuestros padres serían sacados de sus lugares.

25

Y he aquí que están echados al calor del día y al frío de la noche; y murieron en grandes dolores con hambre, cuchillo y pestilencia.

26

Y echaste la casa sobre la cual fue invocado tu nombre, como está hoy, por la maldad de la casa de Israel y de la casa de Judá.

27

Y nos has tratado, oh Señor Dios nuestro, conforme a toda tu benignidad, y conforme a toda tu grande misericordia;

28

como hablaste por mano de tu siervo Moisés, el día que le mandaste que escribiese tu ley delante de los hijos de Israel, diciendo:

29

Si no oyereis mi voz, de cierto esta grande multitud se volverá en pequeño número entre las naciones donde yo los esparciré.

30

Porque yo sé que no me oirán, porque son pueblo de dura cerviz; mas se convertirán en la tierra de su cautiverio,

31

y conocerán que yo soy el Señor su Dios; y les daré corazón y oídos para oír.

32

Y me alabarán en la tierra de su cautiverio, y se acordarán de mi nombre,

33

y se arrepentirán de su dura cerviz, y de sus malas obras; porque se acordarán del camino de sus padres, que pecaron delante del Señor.

34

Y los tornaré a traer a la tierra que prometí con juramento a sus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob, y la disfrutarán; y los multiplicaré, y no serán diminuidos.

35

Y haré con ellos pacto eterno, de que seré su Dios, y ellos serán mi pueblo; y nunca más moveré a mi pueblo Israel de la tierra que les di.

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