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En el canon bíblico etíope, el Libro de Baruc forma parte del 'Ciclo de Jeremías', que incluye textos adicionales no encontrados en las Biblias occidentales. En la tradición occidental, Baruc es un libro deuterocanónico. En muchas Biblias, la Carta de Jeremías (capítulo 6 de Baruc) se presenta como un libro separado. En la versión Reina-Valera 1960 (RVR1960), la Carta de Jeremías está incorporada como el capítulo 6 de Baruc.

Baruc

Capítulo 3

1

Oh Señor omnipotente, Dios de Israel, el alma en angustias y el espíritu atribulado clama a ti.

2

Oye, oh Señor, y ten misericordia, porque eres misericordioso; ten misericordia de nosotros, porque hemos pecado delante de ti.

3

Porque tú permaneces para siempre, y nosotros perecemos enteramente.

4

Oh Señor omnipotente, Dios de Israel, oye ahora la oración de los muertos de Israel, y de los hijos de aquellos que pecaron delante de ti, que no escucharon la voz del Señor su Dios, por lo cual nos han seguido males.

5

No te acuerdes de las maldades de nuestros padres, sino acuérdate de tu poder y de tu nombre ahora.

6

Porque tú eres el Señor nuestro Dios, y te alabaremos, oh Señor.

7

Por cuanto has puesto tu temor en nuestros corazones, para que invoquemos tu nombre; y te alabaremos en nuestro cautiverio, pues hemos dejado de lado toda la maldad de nuestros padres que pecaron delante de ti.

8

He aquí que nosotros hoy en nuestro cautiverio, adonde nos esparciste, estamos para afrenta y para maldición, y para ser sujetos a penas, conforme a todas las maldades de nuestros padres, que se apartaron del Señor nuestro Dios.

9

Oye, Israel, los mandamientos de vida: Escucha, para que sepas prudencia.

10

¿Por qué, oh Israel, estás en tierra de enemigos, y has envejecido en tierra extraña, te has contaminado con muertos,

11

y has sido contado con los que descienden al sepulcro?

12

Has dejado la fuente de la sabiduría.

13

Si hubieras andado por el camino de Dios, habitarías en paz para siempre.

14

Aprende dónde está la prudencia, dónde está la virtud, dónde está la inteligencia, para que sepas también dónde está la largueza de vida y el mantenimiento, dónde está la luz de los ojos y la paz.

15

¿Quién ha hallado su lugar? ¿Quién ha llegado hasta sus tesoros?

16

¿Dónde están los príncipes de las gentes, y los que se enseñorean de las bestias de la tierra?

17

Los que se recrean con las aves del cielo; los que atesoran plata y oro, en que los hombres confían, y cuya adquisición no tiene fin;

18

porque los que trabajan la plata y se afanan tanto, y cuyas obras son inescrutables,

19

desaparecieron, y al sepulcro descendieron; y otros se levantaron en su lugar.

20

Los jóvenes vieron la luz, y habitaron sobre la tierra; mas no conocieron el camino de la sabiduría,

21

ni entendieron sus sendas, ni la alcanzaron sus hijos: se alejaron de su camino.

22

No se ha oído de ella en Canaán, ni ha sido vista en Temán.

23

Los hijos de Agar, que buscan la inteligencia en la tierra, los mercaderes de Merán y de Temán, los fabuladores y los que buscan la prudencia, no han conocido el camino de la sabiduría, ni se acordaron de sus sendas.

24

¡Oh Israel! ¡Cuán grande es la casa de Dios, y cuán grande es la posesión suya!

25

Es grande, y no tiene fin; alta es e inmensa.

26

Allí estuvieron los gigantes famosos, los que fueron desde el principio, de grande estatura, diestros en la guerra.

27

No los escogió Dios, ni les dio camino de sabiduría;

28

y perecieron por cuanto no tuvieron sabiduría, perecieron por su indiscreción.

29

¿Quién subió al cielo, y la tomó, y la hizo descender de las nubes?

30

¿Quién pasó el mar, y la halló, y la traerá por oro escogido?

31

No hay quien pueda conocer su camino, ni quien pueda inquirir su senda.

32

Mas el que sabe todas las cosas, la conoce, y la halló con su inteligencia; el que preparó la tierra para siempre, y la llenó de animales de cuatro pies;

33

el que envía la luz, y va; la llamó, y le obedeció con temor;

34

y las estrellas resplandecieron en sus puestos, y se alegraron; el que las llamó, y dijeron: Henos aquí; y resplandecieron de contentamiento para con el que las crió.

35

¡Este es nuestro Dios, y ningún otro será comparado a él!

36

El halló todo el camino de la sabiduría, y la dio a su siervo Jacob, y a Israel su amado.

37

Después apareció sobre la tierra, y conversó entre los hombres.

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