En el canon bíblico etíope, el Libro de Baruc forma parte del 'Ciclo de Jeremías', que incluye textos adicionales no encontrados en las Biblias occidentales. En la tradición occidental, Baruc es un libro deuterocanónico. En muchas Biblias, la Carta de Jeremías (capítulo 6 de Baruc) se presenta como un libro separado. En la versión Reina-Valera 1960 (RVR1960), la Carta de Jeremías está incorporada como el capítulo 6 de Baruc.
Baruc
Capítulo 4
Este es el libro de los mandamientos de Dios, y la ley que permanece para siempre; todos los que la guardan vivirán, mas los que la dejan morirán.
Vuélvete, Jacob, y tómalo, camina hacia el resplandor de su luz.
No des a otro tu gloria, ni lo que te es provechoso a gente extraña.
¡Bienaventurados somos, Israel, porque lo que agrada a Dios nos es conocido!
Esfuérzate, pueblo mío, oh memoria de Israel.
Fuisteis vendidos a las gentes, mas no para ser destruidos; por cuanto provocasteis a ira a Dios, fuisteis entregados a los adversarios.
Porque provocasteis a vuestro Hacedor, ofreciendo a los demonios, y no a Dios.
Os olvidasteis del Dios eterno que os crió, y afligisteis a Jerusalén que os crió.
Porque ella vio venir la ira de Dios sobre vosotros, y dijo: Oíd, vosotras las que moráis en Sión, que Dios me ha traído gran lloro.
Porque vi el cautiverio de mis hijos y de mis hijas, que el Eterno les trajo.
Porque yo los crié con alegría, mas los eché con llanto y lloro.
Ninguno se goce sobre mí, viuda y desamparada de muchos; por los pecados de mis hijos estoy asolada, porque se apartaron de la ley de Dios.
Y no conocieron sus estatutos, ni anduvieron por las sendas de los mandamientos de Dios, ni siguieron por las veredas de la disciplina de su justicia.
Vengan las que moráis cerca de Sión, y acordaos del cautiverio de mis hijos y de mis hijas, que el Eterno les trajo.
Porque ha traído contra ellos una nación de lejos, nación perversa y de lengua extraña, que no tuvo reverencia al anciano, ni de los niños tuvo compasión.
Y se llevaron los queridos hijos de la viuda, y a la que estaba sola dejaron sin hijas.
Y yo, ¿qué podré ayudaros?
Porque el que trajo el mal sobre vosotros, él os librará de mano de vuestros enemigos.
Andad, hijos míos, andad; porque yo quedé desamparada.
He desechado la vestidura de paz, y vestídome del cilicio de mi oración; y clamaré al Eterno en mis días.
Esperad, hijos míos, clamad a Dios, que os librará de la fuerza y de la mano de los enemigos.
Porque yo esperé en el Eterno que os había de librar; y vino a mí gozo del Santo, por la misericordia que os vendrá presto del Eterno, nuestro Salvador.
Porque os eché con lloro y llanto, mas Dios os tornará a mí con gozo y alegría para siempre.
Porque como ahora vieron los vecinos de Sión vuestro cautiverio, así verán presto vuestra salud de nuestro Dios, la cual vendrá sobre vosotros con gran gloria y resplandor del Eterno.
Hijos, sufrid con paciencia la ira que de Dios ha venido sobre vosotros; porque te persiguió tu enemigo, mas presto verás su perdición, y sobre su cerviz subirás.
Mis delicados han andado caminos ásperos; fueron llevados como ganado arrebatado de enemigos.
Esforzaos, hijos, y clamad a Dios; porque los que os trajeron esto, se acordará de vosotros.
Porque como fue vuestro pensamiento errar de Dios, volved, pues, diez veces más a buscarlo.
Porque el que ha traído estos males sobre vosotros, os traerá salud eterna juntamente con vuestro gozo.
Esfuérzate, Jerusalén, que el que te puso nombre te consolará.
Malditos serán los que te hicieron mal, y los que por tu caída se alegraron, serán condenados.
Las ciudades a que tus hijos sirvieron, serán también castigadas, y la que recibió tus hijos.
Porque como ella se alegró de tu caída y se holgó de tu ruina, así se entristecerá sobre su propia asolación.
Y yo le quitaré el regocijo de su gran multitud, y su orgullo se tornará en lloro.
Porque fuego caerá sobre ella del Eterno por muchos días, y por largo tiempo será habitada de demonios.
Mira hacia el oriente, Jerusalén, y ve la alegría que de Dios te viene.
He aquí que tus hijos vienen, a quienes despachaste; vienen congregados desde el oriente hasta el occidente, por la palabra del Santo, gozándose de la gloria de Dios.