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El Libro de Ezequiel es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas y el judaísmo.

Ezequiel

Capítulo 16

1

La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:

2

Hijo de hombre, manifiesta a Jerusalén sus abominaciones.

3

Dirás: Así dice el Señor Yahveh a Jerusalén: Por tu origen y nacimiento eres de la tierra de Canaán; tu padre era amorreo y tu madre hitita.

4

En cuanto a tu nacimiento, el día que naciste no te cortaron el ombligo, no fuiste lavada con agua para limpiarte, ni frotada con sal, ni envuelta en pañales.

5

Ningún ojo se compadeció de ti para hacerte algo de esto, apiadándose de ti. Fuiste arrojada sobre la superficie del campo, con menosprecio de tu vida, el día que naciste.

6

Yo pasé cerca de ti y te vi sumergida en tu propia sangre. Te dije: "Vive en medio de tus sangres." Sí, te dije: "Vive en medio de tus sangres."

7

Te multipliqué como la hierba del campo. Creciste, te desarrollaste, y llegaste a la edad más hermosa; se formaron tus senos, te salió el vello, pero estabas desnuda y sin cubrir.

8

Yo pasé cerca de ti, te miré, y era tu tiempo, tiempo de amores. Extendí sobre ti el borde de mi manto y cubrí tu desnudez. Te di juramento e hice alianza contigo —oráculo del Señor Yahveh—, y fuiste mía.

9

Te bañé con agua, te limpié la sangre, te ungí con óleo.

10

Te puse un vestido bordado, zapatos de cuero fino, te até la cabeza con lino, te cubrí de seda.

11

Te engalané con joyas, puse brazaletes en tus brazos y un collar en tu cuello.

12

Puse una joya en tu nariz, zarcillos en tus orejas y una hermosa corona en tu cabeza.

13

Estabas enjoyada de oro y plata, vestida de lino, seda y bordados; comías flor de harina, miel y aceite. Te hiciste hermosa, muy hermosa, y llegaste a ser reina.

14

Tu renombre se extendió entre las naciones por tu hermosura, porque era perfecta, gracias al esplendor con que yo te había adornado —oráculo del Señor Yahveh.

15

Pero tú confiaste en tu hermosura y te prostituiste a costa de tu renombre, ofreciendo tus prostituciones a todo transeúnte.

16

Tomaste tus vestidos, te hiciste lugares altos adornados, y te prostituiste sobre ellos, cosa nunca vista ni por venir.

17

Tomaste tus alhajas de mi oro y mi plata que yo te había dado, y te hiciste imágenes de hombre para prostituirte con ellas.

18

Tomaste tus vestidos bordados para cubrirlas, y les ofreciste mi aceite y mi perfume.

19

El pan que yo te había dado —la flor de harina, el aceite y la miel con que yo te alimentaba— se lo ofreciste delante de ellas como aroma agradable. Y sucedió —oráculo del Señor Yahveh.

20

Tomaste a tus hijos y a tus hijas, que habías engendrado para mí, y se los sacrificaste para que fueran devorados. ¿Es poca cosa tu prostitución,

21

que degüelles a mis hijos y los entregues haciendo pasar por el fuego?

22

En todas tus abominaciones y prostituciones no te acordaste de los días de tu juventud, cuando estabas desnuda y sin cubrir, sumergida en tu propia sangre.

23

Después de todas tus maldades —¡ay, ay de ti!— oráculo del Señor Yahveh,

24

te edificaste un montículo y te hiciste un lugar elevado en todas las plazas.

25

En cada esquina te hiciste un lugar elevado; hiciste vil tu hermosura, ofreciéndote a todo transeúnte y multiplicando tus prostituciones.

26

Te prostituiste con los egipcios, tus vecinos de grandes miembros, multiplicaste tu prostitución para provocarme a ira.

27

He aquí que yo extiendo mi mano contra ti, reduzco tu ración y te entrego al capricho de tus enemigas, las filisteas, que se avergüenzan de tu conducta infame.

28

Te prostituiste con los asirios, porque no te saciabas; te prostituiste con ellos y aún no te saciaste.

29

Multiplicaste tu prostitución en el país de Canaán y de los caldeos, y ni aun así te saciaste.

30

¡Cómo desfallece tu corazón! —oráculo del Señor Yahveh— al hacer todas estas cosas, obras de una ramera consumada.

31

Al edificarte tu montículo en todas las esquinas y hacerte tu lugar elevado en todas las plazas, ni siquiera fuiste como una ramera, pues despreciabas la paga.

32

Mujer adúltera, que en lugar de su marido recibe a extraños.

33

A todas las rameras se les regala, pero tú das regalos a todos tus amantes, y los sobornas para que vengan a ti de todas partes, a prostituirse contigo.

34

En ti sucede lo contrario de lo que sucede en las mujeres: no te buscan para prostituirse; y al dar la paga, y no recibirla, resultas ser la contraria.

35

Por eso, ramera, oye la palabra de Yahveh.

36

Así dice el Señor Yahveh: Por cuanto has derrochado tu dinero y ha quedado al descubierto tu desnudez en tus prostituciones con tus amantes y con todos tus ídolos abominables, y por la sangre de tus hijos que les has dado,

37

por eso, voy a reunir a todos tus amantes con quienes has gozado, a cuantos has amado y a cuantos has aborrecido; los reuniré contra ti de todas partes, descubriré ante ellos tu desnudez, y la verán toda.

38

Te juzgaré como se juzga a las adúlteras y a las derramadoras de sangre, y te entregaré a la sangre del furor y de los celos.

39

Te entregaré en sus manos, ellos destruirán tu montículo, arrasarán tus lugares elevados, te desnudarán de tus vestidos, tomarán tus joyas y te dejarán completamente desnuda.

40

Harán subir contra ti una multitud, te apedrearán y te traspasarán con sus espadas.

41

Prenderán fuego a tus casas, y ejecutarán juicios contra ti a la vista de muchas mujeres. Haré que ceses de ser ramera, y ya no volverás a pagar.

42

Saciaré en ti mi furor, se apartará de ti mi celo, me calmaré y no me airaré más.

43

Por cuanto no te has acordado de los días de tu juventud y me has irritado con todo esto, he aquí que haré recaer tu conducta sobre tu cabeza —oráculo del Señor Yahveh—, y no volverás a cometer esa infamia con todas tus abominaciones.

44

Mira: todo el que usa proverbios usará de ti este proverbio: "De tal madre, tal hija."

45

Hija de tu madre eres tú, que repudió a su marido y a sus hijos; hermana de tus hermanas eres, que repudiaron a sus maridos y a sus hijos. Vuestra madre fue hitita y vuestro padre amorreo.

46

Tu hermana mayor es Samaria, que habita a tu izquierda con sus hijas; tu hermana menor, que habita a tu derecha, es Sodoma con sus hijas.

47

No sólo has seguido sus caminos y has practicado según sus abominaciones, sino que muy pronto has obrado peor que ellas en todo tu proceder.

48

Por mi vida —oráculo del Señor Yahveh— tu hermana Sodoma y sus hijas no han hecho como tú y tus hijas.

49

He aquí que ésta fue la culpa de tu hermana Sodoma: soberbia, hartura de pan y ocio tranquilo tuvo ella y sus hijas; nunca ayudó al desgraciado y al pobre.

50

Se ensoberbecieron y cometieron abominación ante mí; entonces las hice desaparecer, como lo has visto.

51

Samaria no cometió ni la mitad de tus pecados. Has multiplicado tus abominaciones más que ellas, y has justificado a tus hermanas con todas las abominaciones que has cometido.

52

Carga también con tu oprobio, tú que has disculpado a tus hermanas. Por los pecados que cometiste, más abominable que ellas, ellas son más justas que tú. También tú, avergüénzate y carga con tu oprobio, ya que has disculpado a tus hermanas.

53

Yo cambiaré la suerte de Sodoma y sus hijas, cambiaré la suerte de Samaria y sus hijas, y cambiaré también tu suerte en medio de ellas,

54

para que cargues con tu oprobio y te avergüences de todo lo que has hecho, siendo tú para ellas motivo de consuelo.

55

Tu hermana Sodoma y sus hijas volverán a su estado anterior; Samaria y sus hijas volverán a su estado anterior; tú también con tus hijas volveréis a vuestro estado anterior.

56

¿No fue tu hermana Sodoma la burla de tus labios en el tiempo de tu soberbia,

57

antes que fuera descubierta tu maldad? Así has venido a ser el oprobio de las hijas de Aram y de todas sus vecinas, de las hijas de los filisteos, que te desprecian por todas partes.

58

Tu infamia y tus abominaciones, tú las llevas —oráculo de Yahveh.

59

Porque así dice el Señor Yahveh: Yo te pagaré como has hecho, tú que has despreciado el juramento, violando la alianza.

60

Pero yo me acordaré de la alianza que hice contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo una alianza eterna.

61

Entonces te acordarás de tu proceder y te avergonzarás, cuando recibas a tus hermanas, las mayores y las menores que yo te daré por hijas, pero no en virtud de tu alianza.

62

Yo estableceré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy Yahveh,

63

para que te acuerdes y te avergüences, y nunca más abras la boca de vergüenza, cuando yo te perdone todo lo que has hecho —oráculo del Señor Yahveh.

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