El Libro de Ezequiel es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas y el judaísmo.
Ezequiel
Capítulo 20
El año séptimo, el día diez del mes quinto, vinieron algunos ancianos de Israel para consultar a Yahveh, y se sentaron delante de mí.
La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel y diles: Así dice el Señor Yahveh: ¿Habéis venido a consultarme? Por mi vida que no me dejaré consultar por vosotros —oráculo del Señor Yahveh.
¿Los juzgarás tú, los juzgarás, hijo de hombre? Hazles conocer las abominaciones de sus padres.
Diles: Así dice el Señor Yahveh: El día en que yo elegí a Israel, juré a la estirpe de la casa de Jacob y me di a conocer a ellos en el país de Egipto. Les juré: Yo soy Yahveh, vuestro Dios.
Ese día les juré que los sacaría del país de Egipto a un país que yo había explorado para ellos, que mana leche y miel, el más hermoso de todos los países.
Les dije: Desechad, cada uno, las abominaciones que se han puesto delante de vuestros ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Yahveh, vuestro Dios.
Pero ellos se rebelaron contra mí y no quisieron escucharme. Nadie desechó las abominaciones que se ponían delante de sus ojos, ni abandonaron los ídolos de Egipto. Pensé derramar mi furor sobre ellos, descargar mi cólera contra ellos en medio del país de Egipto,
pero obré considerando mi nombre, para que no fuera profanado a los ojos de las naciones entre las cuales estaban, a cuyos ojos yo me había dado a conocer para sacarlos del país de Egipto.
Los saqué, pues, del país de Egipto y los conduje al desierto.
Les di mis preceptos y les di a conocer mis normas, que el hombre que las practica vivirá por ellas.
Les di también mis sábados, como una señal entre yo y ellos, para que supieran que yo, Yahveh, los santifico.
Pero la casa de Israel se rebeló contra mí en el desierto; no siguieron mis preceptos, despreciaron mis normas —que el hombre que las practica vivirá por ellas— y profanaron gravemente mis sábados. Pensé derramar mi furor sobre ellos en el desierto para exterminarlos,
pero obré considerando mi nombre, para que no fuera profanado a los ojos de las naciones, a cuyos ojos los había sacado.
También en el desierto les juré que no los llevaría al país que les había dado, que mana leche y miel, el más hermoso de todos los países,
porque despreciaron mis normas, no siguieron mis preceptos y profanaron mis sábados, pues su corazón se iba tras sus ídolos.
Pero mi ojo tuvo compasión de ellos, en lugar de exterminarlos, y no los consumí totalmente en el desierto.
Después dije a sus hijos en el desierto: No sigáis los preceptos de vuestros padres, no observéis sus normas ni os contaminéis con sus ídolos.
Yo soy Yahveh, vuestro Dios. Seguid mis preceptos, observad mis normas y practicadlas.
Santificad mis sábados, y sean una señal entre yo y vosotros, para que sepáis que yo soy Yahveh, vuestro Dios.
Pero sus hijos se rebelaron contra mí; no siguieron mis preceptos, no observaron mis normas para practicarlas —que el hombre que las practica vivirá por ellas— y profanaron mis sábados. Pensé derramar mi furor sobre ellos, descargar mi cólera contra ellos en el desierto,
pero retiré mi mano y obré considerando mi nombre, para que no fuera profanado a los ojos de las naciones, a cuyos ojos los había sacado.
También en el desierto les juré que los dispersaría entre las naciones y los esparciría por los países,
porque no pusieron por obra mis normas, despreciaron mis preceptos, profanaron mis sábados y sus ojos se fueron tras los ídolos de sus padres.
También yo les di preceptos que no eran buenos y normas por las cuales no podían vivir.
Yo mismo los contaminé con sus ofrendas, cuando hacían pasar por el fuego a todo primogénito, para desolarlos, a fin de que supieran que yo soy Yahveh.
Por eso, hijo de hombre, habla a la casa de Israel. Diles: Así dice el Señor Yahveh: Vuestros padres me han insultado también con ésta, su infidelidad contra mí.
Los introduje en el país que les había jurado dar; entonces, al ver toda colina elevada y todo árbol frondoso, ofrecieron allí sus sacrificios, presentaron sus ofrendas que me irritan, depositaron allí sus aromas agradables y derramaron allí sus libaciones.
Yo les pregunté: "¿Qué significa ese lugar alto adonde vais?" Y ha seguido llamándose lugar alto hasta hoy.
Por tanto, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Yahveh: ¿Seguís contaminándoos como vuestros padres y prostituyéndoos tras sus abominaciones?
Al presentar vuestras ofrendas, al hacer pasar a vuestros hijos por el fuego, seguís contaminándoos con todos vuestros ídolos hasta hoy. ¿Y me dejaré consultar por vosotros, casa de Israel? Por mi vida —oráculo del Señor Yahveh— no me dejaré consultar por vosotros.
Lo que os pasa por la cabeza nunca sucederá, cuando decís: "Seamos como las naciones, como las tribus de otros países, sirviendo a la madera y a la piedra."
Por mi vida —oráculo del Señor Yahveh—, con mano fuerte y tenso brazo, con furor derramado, reinaré sobre vosotros.
Os sacaré de entre los pueblos y os reuniré de los países por donde habéis sido esparcidos, con mano fuerte y tenso brazo, con furor derramado.
Os llevaré al desierto de los pueblos, y allí entraré en juicio con vosotros cara a cara.
Como entré en juicio con vuestros padres en el desierto del país de Egipto, así entraré en juicio con vosotros —oráculo del Señor Yahveh.
Os haré pasar bajo la vara y os introduciré en el lazo de la alianza.
Separaré de vosotros a los rebeldes y a los que se rebelen contra mí; los sacaré del país donde residen, pero no entrarán en la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Yahveh.
Y vosotros, casa de Israel, así dice el Señor Yahveh: Id, cada uno a servir a sus ídolos. Pero después... me escucharéis y no volveréis a profanar mi santo nombre con vuestras ofrendas y con vuestros ídolos.
Porque en mi santo monte, en la alta montaña de Israel —oráculo del Señor Yahveh— allí me servirá toda la casa de Israel, toda ella, en el país; allí los aceptaré, y allí pediré vuestras contribuciones y la flor de vuestras ofrendas con todas vuestras cosas santas.
Como aroma agradable os aceptaré, cuando os haya sacado de entre los pueblos y os haya reunido de los países por donde habéis sido esparcidos. Me manifestaré en mi santidad ante vuestros ojos.
Sabréis que yo soy Yahveh, cuando os introduzca en la tierra de Israel, en el país que juré dar a vuestros padres.
Allí os acordaréis de vuestra conducta y de todas las acciones con que os habéis manchado, y os causaré horror de vosotros mismos por todas las maldades que habéis cometido.
Sabréis que yo soy Yahveh, cuando os trate por consideración a mi nombre, no según vuestra conducta perversa y vuestras acciones corrompidas, casa de Israel —oráculo del Señor Yahveh.