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El Libro de Ezequiel es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas y el judaísmo.

Ezequiel

Capítulo 21

1

La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:

2

Hijo de hombre, pon tu rostro hacia el sur, destila tu palabra contra el sur y profetiza contra el bosque del campo del Négueb.

3

Di al bosque del Négueb: Escucha la palabra de Yahveh. Así dice el Señor Yahveh: He aquí que voy a prender fuego en ti, y devorará todo árbol verde y todo árbol seco; no se apagará la llama ardiente, y quedarán quemadas todas las caras, desde el sur hasta el norte.

4

Entonces toda carne verá que yo, Yahveh, lo he encendido; no se apagará.

5

Yo exclamé: ¡Ah, Señor Yahveh! Ellos dicen de mí: "¿No es un fabulador?"

6

La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:

7

Hijo de hombre, pon tu rostro hacia Jerusalén, destila tu palabra contra los santuarios, profetiza contra la tierra de Israel.

8

Di a la tierra de Israel: Así dice Yahveh: He aquí que estoy contra ti; voy a sacar mi espada de su vaina, para exterminar de ti al justo y al malvado.

9

Pues voy a exterminar de ti al justo y al malvado, por eso saldrá mi espada de su vaina contra toda carne, desde el sur hasta el norte.

10

Sabrá toda carne que yo, Yahveh, he sacado mi espada de su vaina; no volverá a envainarse.

11

Y tú, hijo de hombre, gime, gime a sus ojos con las caderas quebradas y con amargura.

12

Y si te preguntan: "¿Por qué gimes?", responderás: "Por la noticia que llega; todo corazón desfallecerá, caerán todas las manos, todo espíritu se debilitará, todas las rodillas se harán como agua. ¡Mira que viene y se cumple!" —oráculo del Señor Yahveh.

13

La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:

14

Hijo de hombre, profetiza y di: Así dice Yahveh: Di: Una espada, una espada está afilada y también pulida.

15

Para degollar está afilada, para relucir está pulida. ¿Podremos alegrarnos? ¡La vara de mi hijo desprecia todo árbol!

16

La han entregado para ser pulida, para ser empuñada. Está afilada la espada, está pulida, para ponerla en mano del que ha de degollar.

17

Clama y aulla, hijo de hombre, porque ésta es la espada de mi pueblo, la espada contra todos los príncipes de Israel; están entregados a la espada con mi pueblo. Por tanto, golpea tu muslo.

18

Porque ha llegado la prueba, ¿y si desprecia la vara? —oráculo del Señor Yahveh— no sucederá.

19

Tú, hijo de hombre, profetiza, bate palmas; caiga una espada dos veces, tres veces, espada de matanza, espada de gran matanza, acercándose a ellos por todas partes,

20

para que los corazones desfallezcan y se multipliquen las víctimas. En todas sus puertas he puesto la espada que mata. ¡Ah, hecha está para relucir, pulida para degollar!

21

¡Reúnela, vuélvela a la derecha, vuélvela a la izquierda, adonde quiera tu filo!

22

También yo batiré mis palmas y saciaré mi furor. Yo, Yahveh, he hablado.

23

La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:

24

Hijo de hombre, traza dos caminos por donde pase la espada del rey de Babilonia; ambos partirán de un mismo país. Elige un lugar, elige a la entrada del camino de la ciudad.

25

Traza un camino para que venga la espada a Rabá de los amonitas, y otro para que venga a Judá, contra Jerusalén la fortificada.

26

Porque el rey de Babilonia se ha parado en la encrucijada, al principio de los dos caminos, para practicar la adivinación: sacude las flechas, consulta los ídolos, examina el hígado.

27

A su derecha le ha caído la adivinación sobre Jerusalén, para colocar arietes, abrir brecha en la puerta, levantar terraplenes, construir torres.

28

Pero a sus ojos será un falso augurio, a pesar del juramento que les une; pero él se acordará de su culpa y será tomado.

29

Por eso, así dice el Señor Yahveh: Por cuanto vuestra culpa se ha recordado, quedando al descubierto vuestras rebeliones, haciendo aparecer vuestros pecados en todas vuestras acciones, porque os habéis hecho recordar, seréis tomados con la mano.

30

Y tú, perverso, malvado príncipe de Israel, a quien llega su día en el tiempo del castigo final,

31

así dice el Señor Yahveh: Quita la tiara, alza la corona; todo será trastornado. ¡A lo bajo, a lo alto, a lo bajo!

32

¡Ruina, ruina, ruina haré de ello! ¡También de esto no quedará nada, hasta que venga aquél a quien pertenece el juicio, y yo se lo entregaré!

33

Y tú, hijo de hombre, profetiza y di: Así dice el Señor Yahveh acerca de los amonitas y de su oprobio. Dirás: La espada, la espada está desenvainada; para degollar está pulida, para que devore y relumbre.

34

Mientras te presentan visiones vanas y adivinaciones mentirosas, te pondrán sobre el cuello de los perversos degollados, cuyo día llega en el tiempo del castigo final.

35

¡Vuelve a tu vaina! En el lugar donde fuiste creado, en el país de tu origen, te juzgaré.

36

Derramaré sobre ti mi furor, con el fuego de mi ira soplaré contra ti, te entregaré en manos de hombres brutales, expertos en destruir.

37

Serás pasto del fuego, tu sangre correrá por la tierra; no quedará memoria de ti. Porque yo, Yahveh, he hablado.

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