El Libro de Ezequiel es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas y el judaísmo.
Ezequiel
Capítulo 26
El año undécimo, el día primero del mes, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
Hijo de hombre, por cuanto Tiro ha dicho acerca de Jerusalén: "¡Ah, ah! ¡Está rota la puerta de los pueblos, se ha vuelto hacia mí; yo me llenaré, ahora que ella está desolada!",
por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que estoy contra ti, Tiro, y haré subir contra ti muchas naciones, como el mar hace subir sus olas.
Ellas destruirán las murallas de Tiro, demolerán sus torres, barreré de ella su polvo y la dejaré como una roca desnuda.
Será en medio del mar un tendedero de redes; porque yo he hablado —oráculo del Señor Yahveh—, y será el botín de las naciones.
Sus hijas que están en tierra firme serán pasadas a espada, y sabrán que yo soy Yahveh.
Porque así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo traigo contra Tiro a Nabucodonosor, rey de Babilonia, desde el norte, rey de reyes, con caballos, carros, jinetes y una gran muchedumbre de tropas.
A tus hijas de la tierra firme las pasará a espada. Edificará contra ti torres, levantará contra ti un terraplén, y alzará contra ti un muro de escudos.
Dirigirá el choque de sus arietes contra tus muros, y con sus garfios demolerá tus torres.
El polvo de sus caballos te cubrirá; al ruido de su caballería, de sus carros y de sus carromatos, temblarán tus murallas, cuando entre por tus puertas, como se entra en una ciudad minada.
Con los cascos de sus caballos hollará todas tus calles; a tu pueblo matará a espada, y tus columnas ilustres caerán por tierra.
Robarán tus riquezas, saquearán tus mercancías, derribarán tus murallas, destruirán tus casas suntuosas y arrojarán al fondo de las aguas tus piedras, tus maderas y tu polvo.
Haré cesar el ruido de tus canciones, y no se oirá más el son de tus cítaras.
Haré de ti una roca desnuda; serás un tendedero de redes, y no volverás a ser edificada, porque yo, Yahveh, he hablado —oráculo del Señor Yahveh.
Así dice el Señor Yahveh a Tiro: Al estruendo de tu caída, a los gemidos de tus heridos, al degüello en medio de ti, ¿no temblarán las costas lejanas?
Todos los príncipes del mar descenderán de sus tronos, se quitarán sus mantos y despojarán sus túnicas bordadas; se vestirán de espanto, se sentarán en tierra, temblarán a cada instante y se espantarán por tu causa.
Elevarán sobre ti una elegía y te dirán: "¡Cómo has perecido, tú que fuiste habitada por navegantes, ciudad famosa, que fuiste fuerte en el mar, tú y tus habitantes, que infundíais terror a todos vuestros vecinos!"
Ahora tiemblan las costas el día de tu caída; las islas del mar se espantan de tu fin.
Porque así dice el Señor Yahveh: Cuando haga de ti una ciudad desolada como las ciudades deshabitadas, cuando haga subir contra ti el abismo y te cubran las grandes aguas,
entonces te precipitaré con los que descienden a la fosa, hacia el pueblo de otros tiempos, y te haré morar en las profundidades de la tierra, en las soledades eternas, con los que descienden a la fosa, para que no seas habitada, mientras yo doy gloria a la tierra de los vivientes.
Haré de ti un espanto, y no existirás más; te buscarán y no te hallarán jamás —oráculo del Señor Yahveh.