El Libro de Ezequiel es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas y el judaísmo.
Ezequiel
Capítulo 27
La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
Tú, hijo de hombre, eleva sobre Tiro una elegía.
Dirás a Tiro, situada a la entrada del mar, comerciante de los pueblos de muchas costas: Así dice el Señor Yahveh: Tiro, tú decías: "Yo soy un navío de belleza perfecta."
Tu territorio está en medio de los mares; tus constructores te han hecho perfectamente hermosa.
De cipreses de Senir te construyeron toda la armadura; tomaron un cedro del Líbano para hacerte un mástil.
De encinas de Basán hicieron tus remos; tus bancos los hicieron de marfil incrustado en madera de boj de las islas de Kittim.
De lino bordado de Egipto era tu velamen, sirviéndote de enseña; de jacinto y púrpura de las islas de Elisa era tu toldo.
Los habitantes de Sidón y de Arvad eran tus remeros; tus sabios, oh Tiro, eran tus pilotos.
Los ancianos de Guiblos y sus sabios te reparaban las vías; todos los navíos del mar y sus marinos acudían a ti para hacer negocio.
Persia, Lud y Put estaban en tu ejército como guerreros; suspendían en ti el escudo y el casco; ellos te daban esplendor.
Los de Arvad y Helec guarnecían tus muros en torno, y los de Gammad estaban en tus torres: colgaban sus escudos de tus muros y te hacían perfectamente hermosa.
Tarsis traficaba contigo, por la abundancia de toda clase de riquezas; pagaba tus mercancías con plata, hierro, estaño y plomo.
Javán, Tubal y Mesec comerciaban contigo: daban esclavos y objetos de bronce a cambio de tus mercancías.
Los de la casa de Togarmá pagaban tus mercancías con caballos, caballos de tiro y mulos.
Los hijos de Dedán traficaban contigo; muchas costas estaban sometidas a tu dominio; te pagaban con colmillos de marfil y con maderas preciosas.
Edom traficaba contigo por la abundancia de tus productos; daba a cambio de tus mercancías esmeraldas, púrpura, bordados, lino fino, coral y rubíes.
Judá y la tierra de Israel comerciaban contigo; pagaban tus mercancías con trigo de Minit, perfumes, miel, aceite y bálsamo.
Damasco traficaba contigo, por la abundancia de tus productos y por la enorme cantidad de toda clase de riquezas, con vino de Jelbón y lana de Sajar.
Dan y Javán de Uzal te pagaban con hierro labrado; casia y caña aromática estaban entre tus mercancías.
Dedán comerciaba contigo con mantas de montar.
Arabia y todos los príncipes de Cedar negociaban contigo; traficaban contigo en corderos, carneros y cabritos.
Los mercaderes de Sabá y de Ramá comerciaban contigo: pagaban tus mercancías con lo mejor de toda clase de aromas, con toda clase de piedras preciosas y oro.
Harán, Cané y Edén, los mercaderes de Sabá, Asur y Quilmad comerciaban contigo.
Ellos comerciaban contigo con artículos suntuosos, con mantos de púrpura y bordados, con cofres de ricas vestiduras, atados con cuerdas y hechos de madera de cedro.
Los navíos de Tarsis eran tus caravanas; fuiste llena, cargada de gran peso en medio de los mares.
Tus remeros te llevaron por las grandes aguas; el viento solano te hizo pedazos en el corazón de los mares.
Tus riquezas, tus mercancías, tu tráfico, tus marinos, tus pilotos, tus calafateadores, tus mercaderes, todos tus guerreros y toda la muchedumbre que hay en ti caerán en el corazón de los mares el día de tu caída.
Al grito de tus pilotos, temblarán las costas.
Bajarán de sus naves todos los que empuñan el remo; marinos y todos los pilotos del mar quedarán en tierra.
Harán oír sus voces por ti, y clamarán amargamente; echarán polvo sobre su cabeza, se revolverán en ceniza.
Se raparán la cabeza por ti, se vestirán de sayal, llorarán por ti con amargura de alma, con amargo duelo.
En su dolor entonarán sobre ti una elegía, y te dirán: "¿Quién como Tiro, tan callada en medio del mar?"
Cuando tus mercancías salían de los mares, saciabas a muchos pueblos; con la abundancia de tus riquezas y de tus cargamentos enriquecías a los reyes de la tierra.
Ahora has sido destrozada por los mares, en las profundidades de las aguas; tus mercancías y toda tu tripulación se han hundido contigo.
Todos los habitantes de las costas se espantan de ti, sus reyes se estremecen de espanto, se sobrecogen sus rostros.
Los mercaderes de los pueblos te silban; te has convertido en un espanto, y no existirás jamás.