El Libro de Ezequiel es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas y el judaísmo.
Ezequiel
Capítulo 29
El año décimo, el día doce del mes décimo, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
Hijo de hombre, pon tu rostro contra Faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto.
Habla y di: Así dice el Señor Yahveh: He aquí que estoy contra ti, Faraón, rey de Egipto, gran monstruo tendido en medio de sus Nilos, que dices: "El Nilo es mío, yo lo he hecho para mí."
Pero yo pondré garfios en tus mandíbulas, pegaré a tus escamas los peces de tus Nilos, y te sacaré de en medio de tus Nilos con todos los peces de tus Nilos pegados a tus escamas.
Te arrojaré al desierto, a ti y a todos los peces de tus Nilos; caerás sobre la superficie del campo, no serás recogido ni enterrado; te daré por pasto a las fieras de la tierra y a las aves del cielo.
Y sabrán todos los habitantes de Egipto que yo soy Yahveh. Porque han sido para la casa de Israel un bastón de caña.
Cuando ellos te tomaban por el mango, te rompías y les desgarrabas todo el hombro; cuando se apoyaban en ti, te quebrantabas y hacías vacilar sus lomos.
Por tanto, así dice el Señor Yahveh: He aquí que voy a traer sobre ti la espada, y exterminaré de ti hombres y bestias.
La tierra de Egipto se convertirá en una soledad desolada, y sabrán que yo soy Yahveh. Por cuanto ha dicho: "El Nilo es mío, yo lo he hecho",
por eso, he aquí que estoy contra ti y contra tus Nilos. Convertiré la tierra de Egipto en ruinas, en desolación y soledad, desde Migdol hasta Siene, hasta la frontera de Etiopía.
No pasará por él pie de hombre, ni pie de animal pasará por él, ni será habitado durante cuarenta años.
Haré de la tierra de Egipto una desolación entre las tierras desoladas, y sus ciudades serán una desolación entre las ciudades desiertas durante cuarenta años; dispersaré a los egipcios entre las naciones y los esparciré por los países.
Pero así dice el Señor Yahveh: Al cabo de cuarenta años reuniré a los egipcios de entre los pueblos por donde fueron dispersados.
Cambiaré la suerte de Egipto y los haré volver a la tierra de Patrós, a la tierra de su origen, y allí serán un reino humilde.
Será más humilde que los otros reinos, y no volverá a levantarse sobre las naciones. Los haré pequeños, para que no dominen sobre las naciones.
No será ya para la casa de Israel un motivo de confianza, que les haga recordar su culpa cuando se volvían hacia él. Y sabrán que yo soy el Señor Yahveh.
El año veintisiete, el día primero del mes primero, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
Hijo de hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha hecho a su ejército prestar un gran servicio contra Tiro: toda cabeza ha quedado rapada, toda espalda desollada; pero ni él ni su ejército han recibido paga de Tiro por el servicio prestado contra ella.
Por eso, así dice el Señor Yahveh: He aquí que yo doy a Nabucodonosor, rey de Babilonia, el país de Egipto; él se apoderará de sus riquezas, tomará sus despojos y saqueará sus botines; y será la paga para su ejército.
Como recompensa por el servicio que me ha prestado —oráculo del Señor Yahveh— le doy el país de Egipto, porque él y su ejército han trabajado para mí.
Aquel día haré germinar el poder de la casa de Israel, y a ti te concederé hablar en medio de ellos; y sabrán que yo soy Yahveh.