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El Libro de Ezequiel es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas y el judaísmo.

Ezequiel

Capítulo 31

1

El año undécimo, el día primero del mes tercero, la palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:

2

Hijo de hombre, di a Faraón, rey de Egipto, y a su muchedumbre: ¿A quién te pareces en tu grandeza?

3

Mira: Asiria era un cedro del Líbano, de hermosas ramas, umbroso frondoso, de elevada estatura; su cima se alzaba entre las nubes.

4

Las aguas lo hicieron crecer, el abismo lo encumbró; sus ríos corrían en torno de su plantación, y él enviaba sus canales a todos los árboles del campo.

5

Por eso su estatura se elevó sobre todos los árboles del campo; se multiplicaron sus ramas, se alargaron sus ramos por las muchas aguas que le daban vida.

6

En sus ramas anidaban todas las aves del cielo, debajo de sus ramos parían todas las bestias del campo, y a su sombra habitaban muchas naciones.

7

Era hermoso en su grandeza, en la extensión de sus ramas, porque su raíz estaba junto a muchas aguas.

8

Los cedros no le igualaban en el jardín de Dios, los cipreses no se parecían a sus ramas, los plátanos no eran como sus ramos. Ningún árbol en el jardín de Dios se le igualaba en hermosura.

9

Hermoso lo hice con la abundancia de sus ramas; todos los árboles del Edén, en el jardín de Dios, lo envidiaban.

10

Por tanto, así dice el Señor Yahveh: Por haberse elevado en estatura, y haber alzado su cima entre las nubes, y por haberse enorgullecido su corazón de su altura,

11

yo lo entregaré en manos del más fuerte de entre las naciones, que lo tratará según su maldad. Lo deseché.

12

Extranjeros, los más violentos de entre las naciones, lo cortaron y lo abandonaron. Sobre los montes y por todos los valles cayeron sus ramas; sus ramos se quebraron en todos los barrancos de la tierra; todos los pueblos de la tierra se fueron de su sombra y lo abandonaron.

13

Sobre sus ruinas se posan todas las aves del cielo, y sobre sus ramos habitan todas las bestias del campo.

14

Para que ningún árbol plantado junto a las aguas se enorgullezca de su altura, ni levante su cima entre las nubes, ni ninguno de los que beben agua confíe en su grandeza —porque todos están destinados a la muerte, a las profundidades de la tierra, en medio de los hombres que bajan a la fosa.

15

Así dice el Señor Yahveh: El día que bajó al seol, hice guardar luto; por él tapé el abismo, detuve sus ríos, y las muchas aguas quedaron paralizadas. Por él vestí de luto al Líbano, y todos los árboles del campo desfallecieron.

16

Al estruendo de su caída hice temblar a las naciones, cuando lo precipité al seol con los que bajan a la fosa. En lo profundo de la tierra se consolaron todos los árboles del Edén, lo más selecto y mejor del Líbano, todos los que beben agua.

17

También ellos bajaron con él al seol, hacia los muertos a espada, los que eran su brazo, los que habitaban a su sombra en medio de las naciones.

18

¿A quién te pareces, pues, en gloria y grandeza entre los árboles del Edén? Serás precipitado con los árboles del Edén a las profundidades de la tierra; yacerás en medio de los incircuncisos, con los muertos a espada. Tal es Faraón y toda su muchedumbre —oráculo del Señor Yahveh.

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