El Libro de Ezequiel es aceptado canónicamente por todas las tradiciones cristianas y el judaísmo.
Ezequiel
Capítulo 7
La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:
Hijo de hombre, así dice el Señor Yahveh a la tierra de Israel: ¡El fin, el fin llega a los cuatro extremos del país!
El fin llega para ti; voy a desatar mi cólera contra ti, te juzgaré según tu conducta y te pediré cuenta de todas tus abominaciones.
Mi ojo no te perdonará ni tendré piedad, sino que te pediré cuenta de tu conducta, y tus abominaciones estarán en medio de ti. Y sabréis que yo soy Yahveh.
Así dice el Señor Yahveh: ¡Una desgracia, una desgracia tras otra, llega!
El fin llega, llega el fin, se despierta contra ti. Mira, está llegando.
Te toca a ti, habitante de la tierra. Llega el momento; está cerca el día: pánico y no clamores de júbilo en los montes.
Muy pronto descargaré mi furor sobre ti, saciaré mi cólera contra ti, te juzgaré según tu conducta y te pediré cuenta de todas tus abominaciones.
Mi ojo no te perdonará ni tendré piedad; según tu conducta te pagaré, y tus abominaciones estarán en medio de ti. Y sabréis que yo, Yahveh, soy el que hiere.
Mira el día: mira que viene. El destino ha brotado, ha florecido la vara, ha echado renuevos la insolencia.
La violencia se ha alzado como vara de impiedad; nada quedará de ellos, ni de su populacho, ni de su riqueza, ni de su esplendor.
Llega el momento, se acerca el día. Que el comprador no se alegre, ni el vendedor se lamente, porque la ira va a descargar sobre toda su multitud.
El vendedor no recuperará lo vendido, aunque quede entre los vivos, porque la visión amenaza a toda su multitud sin retorno, y nadie, por su culpa, conservará la vida.
Tocan la trompeta, lo disponen todo, pero nadie marcha a la guerra, porque mi ira descarga sobre toda su multitud.
Fuera, la espada; dentro, la peste y el hambre. El que esté en el campo morirá a espada; al que esté en la ciudad lo devorarán la peste y el hambre.
Y si algunos de ellos escapan, huirán a los montes, como palomas de los desfiladeros, gimiendo todos por su culpa.
Todas las manos se pondrán flojas, todas las rodillas se harán como agua.
Se ceñirán de sayal, los cubrirá un temblor, se llenarán de vergüenza todas las caras, y todas las cabezas serán rapadas.
Arrojarán su plata por las calles, y su oro será para ellos una cosa inmunda. Ni su plata ni su oro podrán salvarlos el día de la ira de Yahveh. No saciarán su hambre ni llenarán sus vientres, porque el oro fue la piedra de tropiezo de su culpa.
De su hermosa ornamentación, en la que ellos se enorgullecían, hicieron sus imágenes abominables y sus ídolos; por eso haré de ella una cosa inmunda para ellos.
La entregaré en manos de extranjeros para que la despojen, y a los impíos de la tierra para que la profanen.
Apartaré de ellos mi rostro, será profanado mi santuario, entrarán en él los violentos y lo profanarán.
Prepara las cadenas, porque la tierra está llena de crímenes sangrientos, y la ciudad está llena de violencia.
Haré venir a los más perversos de las naciones, que tomarán posesión de sus casas. Haré cesar el orgullo de los poderosos, y sus santuarios serán profanados.
La angustia llega; buscarán la paz, y no la habrá.
Desgracia tras desgracia, rumor tras rumor. Pedirán visión al profeta, desaparecerá la ley del sacerdote, el consejo de los ancianos.
El rey hará duelo, el príncipe se vestirá de espanto, las manos del pueblo temblarán. Según su conducta los trataré, y por sus juicios los juzgaré. Y sabrán que yo soy Yahveh.