Esta versión extendida del libro de Daniel incluye las adiciones deuterocanónicas reconocidas por la tradición católica y ortodoxa: el Cántico de los Tres Jóvenes (insertado en el capítulo 3 después del versículo 23), la Historia de Susana (capítulo 13) y Bel y el Dragón (capítulo 14).
Daniel
Capítulo 1
En el año tercero del reinado de Joacim rey de Judá, vino Nabucodonosor rey de Babilonia a Jerusalén, y la sitió.
Y el Señor entregó en su mano a Joacim rey de Judá, y parte de los utensilios de la casa de Dios; y los llevó a tierra de Sinear, a la casa de su dios, y metió los utensilios en la casa del tesoro de su dios.
Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real y de los nobles,
muchachos en los cuales no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos.
Y les señaló el rey ración para cada día, de la comida del rey y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al final de ellos estuviesen delante del rey.
Y entre ellos estaban Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá.
Y el jefe de los eunucos les puso nombres: a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego.
Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.
Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos.
Y dijo el jefe de los eunucos a Daniel: Temo a mi señor el rey, que ha señalado vuestra comida y vuestra bebida; pues si él viese vuestros rostros más demacrados que los de los otros muchachos de vuestra edad, condenaríais para con el rey mi cabeza.
Y dijo Daniel a Melsar, a quien el jefe de los eunucos había puesto al cuidado de Daniel, Ananías, Misael y Azarías:
Te ruego que hagas la prueba con tus siervos por diez días, y nos den legumbres a comer, y agua a beber.
Y luego compárense delante de ti nuestros rostros, y los rostros de los muchachos que comen de la ración de la comida del rey; y según veas, harás con tus siervos.
Él, pues, les consintió por diez días.
Y al cabo de los diez días pareció el rostro de ellos mejor y más robusto que el de los otros muchachos que comían de la ración de la comida del rey.
Así, pues, Melsar tomaba la ración de la comida de ellos, y el vino de su bebida, y les daba legumbres.
Y a estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños.
Pasados, pues, los días al fin de los cuales había dicho el rey que los trajesen, el jefe de los eunucos los trajo delante de Nabucodonosor.
Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey.
Y en todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.
Y continuó Daniel hasta el año primero del rey Ciro.