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Esta versión extendida del libro de Daniel incluye las adiciones deuterocanónicas reconocidas por la tradición católica y ortodoxa: el Cántico de los Tres Jóvenes (insertado en el capítulo 3 después del versículo 23), la Historia de Susana (capítulo 13) y Bel y el Dragón (capítulo 14).

Daniel

Capítulo 9

1

En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la descendencia de los medos, que fue puesto rey sobre el reino de los caldeos;

2

en el año primero de su reinado, yo, Daniel, entendí por los libros el número de los años de que habló el Señor al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años.

3

Y volví mi rostro al Señor Dios, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza.

4

Y oré al Señor mi Dios, e hice confesión, diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos;

5

hemos pecado, hemos cometido maldad, hemos hecho impíamente, y nos hemos rebelado, y nos apartamos de tus mandamientos y de tus ordenanzas.

6

No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.

7

Tuya es, oh Señor, la justicia, nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy, a cada uno de los hombres de Judá, a los moradores de Jerusalén, y a todo Israel, a los que están cerca y a los que están lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su prevaricación con que contra ti prevaricaron.

8

Oh Señor, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres, porque contra ti pecamos.

9

Del Señor nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado,

10

y no obedecimos a la voz del Señor nuestro Dios, para andar en sus leyes, las cuales puso él delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas.

11

Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no oír tu voz; por lo cual ha descendido sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él pecamos.

12

Y él ha cumplido su palabra que había hablado contra nosotros y contra nuestros jueces que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; que nunca fue hecho debajo de todo el cielo como el que se ha hecho sobre Jerusalén.

13

Como está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor del Señor nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades, y entender tu verdad.

14

Por tanto, el Señor veló sobre el mal, y lo trajo sobre nosotros; porque el Señor nuestro Dios es justo en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz.

15

Ahora, pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste nombre como en este día; hemos pecado, hemos cometido impiedad.

16

Oh Señor, conforme a todas tus justicias, apártese ahora tu ira y tu furor de tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque por nuestros pecados, y por las maldades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son la afrenta de todos los que nos rodean.

17

Ahora, pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus súplicas, y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.

18

Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestras súplicas delante de ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.

19

Oye, Señor; oh Señor, perdona; escucha, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

20

Aún estaba yo hablando, y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramando mi súplica delante del Señor mi Dios por el monte santo de mi Dios;

21

aún estaba yo hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, me tocó como a la hora del sacrificio de la tarde.

22

Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para hacerte entender la visión.

23

Al principio de tus ruegos fue enviada la palabra, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la palabra, y comprende la visión.

24

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, y traer la justicia eterna, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

25

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

26

Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.

27

Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que la consumación, lo que está determinado, se derrame sobre el desolador.

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Daniel em Português — Bíblia Etíope | Kanon.Bible