Miqueas es universalmente aceptado como canónico en todas las tradiciones cristianas importantes y en la Biblia hebrea. Fue contemporáneo del profeta Isaías, ministrando durante los reinados de Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá (aproximadamente 750-686 a.C.). El libro es conocido por su poderoso mensaje de justicia social y la famosa profecía del nacimiento del Mesías en Belén.
Miqueas
Capítulo 7
¡Ay de mí! porque estoy como cuando han recogido las cosechas de verano, como cuando han rebuscado después de la vendimia; no queda racimo para comer; mi alma deseó los primeros frutos.
Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan a sangre, cada cual arma red a su hermano.
Para hacer el mal, con ambas manos lo hacen prontamente; el príncipe demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande habla el anhelo de su alma, así lo confirman.
El mejor de ellos es como un cardo; el más recto, como espino; el día de tu castigo viene, la hora de tu confusión; ahora será su quebrantamiento.
No creáis en amigo, ni confiéis en príncipe; guárdate de la que duerme en tu seno.
Porque el hijo deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos de cada hombre son los de su casa.
Mas yo miraré a Jehová, esperaré al Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.
Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz.
Soportaré la ira de Jehová, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga justicia; él me sacará a la luz, y veré su justicia.
Y mi enemiga lo verá, y de vergüenza será cubierta la que me decía: ¿Dónde está Jehová tu Dios? Mis ojos la verán; ahora será hollada como lodo de las calles.
El día en que se edifiquen tus muros, aquel día se extenderán los límites.
En aquel día vendrán hasta ti desde Asiria y las ciudades fortificadas, y desde la fortaleza hasta el río, y de mar a mar, y de monte a monte.
Mas la tierra será asolada por sus moradores, por el fruto de sus obras.
Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que mora solo en la espesura, en medio de Carmel; apacienten en Basán y Galaad como en el tiempo pasado.
Como en los días de tu salida de la tierra de Egipto, te mostraré maravillas.
Las naciones verán, y se avergonzarán de todo su poderío; se cubrirán la boca, se ensordecerán sus oídos.
Lamerán el polvo como la serpiente, como serpientes de la tierra; saldrán temblando de sus encierros; se volverán asombrados ante Jehová nuestro Dios, y temerán de ti.
¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo su ira para siempre, porque se deleita en la misericordia.
El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.
Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.