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Nahúm es universalmente aceptado como canónico en todas las tradiciones cristianas importantes y en la Biblia hebrea. Su profecía está dirigida contra Nínive, la capital de Asiria, aproximadamente 100 años después del ministerio de Jonás. El libro es conocido por sus vívidas descripciones poéticas del juicio divino y la certeza de la caída de Nínive.

Nahúm

Capítulo 2

1

Destructor subió contra ti. Guarda la fortaleza, vigila el camino, cíñete los lomos, esfuérzate mucho.

2

Porque Jehová restituirá la gloria de Jacob como la gloria de Israel; porque saqueadores los saquearon, y sus ramas destruyeron.

3

El escudo de sus valientes es enrojecido, los varones esforzados están vestidos de grana; los carros lucen como fuego de hachas que se alistan, y los cipreses se agitan.

4

Los carros se precipitarán a las plazas, se cruzarán en las calles; tendrán aspecto de antorchas, correrán como relámpagos.

5

Hará memoria de sus nobles; ellos tropezarán en su marcha; se apresurarán hacia la muralla, y la defensa estará dispuesta.

6

Las puertas de los ríos se abrirán, y el palacio será destruido.

7

Y la reina será cautiva, la harán subir, y sus doncellas la llevarán con gemido como de palomas, batiendo sus pechos.

8

Nínive es desde tiempos antiguos como estanque de aguas; pero ellos huyen. ¡Parad, parad!, gritarán; pero ninguno mirará.

9

Saquearé la plata, saquearé el oro, porque no hay fin de los tesoros, y de la abundancia de toda clase de objetos preciosos.

10

Vacía, y desolada, y asolada está; y el corazón desfallece, y las rodillas se golpean, y en todos los lomos hay dolor, y los rostros de todos se han demudado.

11

¿Dónde está la guarida de los leones, y el lugar donde los leoncillos se cebaban, donde andaba el león, el león viejo, y los cachorros del león, sin que nadie los espantase?

12

El león arrebataba lo suficiente para sus cachorros, y estrangulaba para sus leonas, y llenaba de presas sus cuevas, y de rapiñas sus guaridas.

13

He aquí yo estoy contra ti, dice Jehová de los ejércitos, y quemaré en el humo sus carros, y la espada devorará tus leoncillos; y raeré de la tierra tu presa, y nunca más se oirá la voz de tus mensajeros.

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