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Habacuc es universalmente aceptado como canónico en todas las tradiciones cristianas importantes y en la Biblia hebrea. El libro es único entre los escritos proféticos porque registra un diálogo entre el profeta y Dios, lidiando con el problema del mal y la justicia divina. La famosa declaración 'el justo por su fe vivirá' (Habacuc 2:4) es citada tres veces en el Nuevo Testamento y se convirtió en fundamental para la doctrina de la justificación por la fe.

Habacuc

Capítulo 3

1

Oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot.

2

Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia.

3

Dios vendrá de Temán, y el Santo del monte de Parán. Selah. Su gloria cubrió los cielos, y la tierra se llenó de su alabanza.

4

Y su resplandor fue como la luz; rayos brillantes salían de su mano, y allí estaba escondido su poder.

5

Delante de su rostro iba mortandad, y a sus pies salían carbones encendidos.

6

Se detuvo, y midió la tierra; miró, e hizo temblar las gentes; los montes antiguos fueron desmenuzados, los collados antiguos se humillaron. Sus caminos son eternos.

7

He aquí las tiendas de Cusán eran aflicción; las cortinas de la tierra de Madián temblaban.

8

¿Te airaste, oh Jehová, contra los ríos? ¿Contra los ríos te airaste? ¿Fue tu ira contra el mar cuando cabalgaste en tus caballos, y en tus carros de salvación?

9

Descubierto fue del todo tu arco; los juramentos a las tribus, palabra segura. Selah. Hendiste la tierra con ríos.

10

Te vieron los montes, y temblaron; pasó la inundación de las aguas; el abismo dio su voz, levantó en alto sus manos.

11

El sol y la luna se pararon en su habitación; a la luz de tus saetas anduvieron, al resplandor de tu fulgente lanza.

12

Con ira marchaste sobre la tierra, con furor hollaste las naciones.

13

Saliste para salvar a tu pueblo, para salvar a tu ungido; heriste la cabeza de la casa del impío, descubriendo el cimiento hasta la roca. Selah.

14

Horadaste con sus propios dardos las cabezas de sus ejércitos, que como tempestad se lanzaron para esparcirme; sus alegrías eran como para devorar al pobre encubiertamente.

15

Caminaste en el mar con tus caballos, y sobre la mole de las grandes aguas.

16

Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; podredumbre entró en mis huesos, y en mi lugar temblé; esperaré quieto el día de la angustia, para que suba pueblo que nos invadirá.

17

Aunque la higuera no florezca, ni haya fruto en las vides; aunque falte el fruto del olivo, y los labrados no den mantenimiento; aunque las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales;

18

yo, sin embargo, me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.

19

Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar. Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas.

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