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Zacarías es universalmente aceptado como canónico en todas las tradiciones cristianas importantes y en la Biblia hebrea. Fue un profeta postexílico que ministró junto a Ageo en el año 520-518 a.C., animando a los exiliados que habían regresado a reconstruir el Templo. El libro es conocido por sus extensas profecías mesiánicas y visiones apocalípticas, y es uno de los libros del Antiguo Testamento más citados en el Nuevo Testamento.

Zacarías

Capítulo 11

1

Abre, oh Líbano, tus puertas, y queme el fuego tus cedros.

2

Aulla, oh ciprés, porque cayó el cedro, porque los magníficos son destruidos; aullad, oh encinas de Basán, porque el bosque impenetrable es derribado.

3

Voz del aullido de los pastores, porque su gloria es asolada; voz del rugido de los leoncillos, porque la soberbia del Jordán es destruida.

4

Así ha dicho Jehová mi Dios: Apacienta las ovejas de la matanza;

5

a las cuales mataban sus poseedores, sin tener culpa; y el que las vendía decía: Bendito sea Jehová, porque he enriquecido; ni sus pastores tenían piedad de ellas.

6

Por tanto, no tendré más piedad de los moradores de la tierra, dice Jehová; porque he aquí, yo entregaré los hombres, cada cual en mano de su compañero y en mano de su rey; y quebrantarán la tierra, y yo no libraré de sus manos.

7

Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, a saber, los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados; a uno llamé Gracia, y al otro Atadura; y apacenté las ovejas.

8

En un mes destruí a tres pastores; y mi alma se fastidió de ellos, y también su alma me fastidió a mí.

9

Y dije: No os apacentaré; la que ha de morir, muera; y la que ha de ser destruida, se destruya; y las que quedaren, que cada una devore la carne de su compañera.

10

Tomé luego mi cayado Gracia, y lo quebré, para romper mi pacto que había concertado con todos los pueblos.

11

Y fue quebrantado en aquel día, y así conocieron los pobres del rebaño que miran a mí, que era palabra de Jehová.

12

Y yo les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata.

13

Y me dijo Jehová: Echalo al alfarero; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al alfarero.

14

Quebré luego mi otro cayado Atadura, para romper la hermandad entre Judá e Israel.

15

Y me dijo Jehová: Toma aún el equipo de un pastor insensato.

16

Porque he aquí, yo levanto un pastor en la tierra, que no visitará las perdidas, no buscará la pequeña, no curará la perniquebrada, ni llevará la cansada a cuestas; sino que se comerá la carne de la gruesa, y romperá sus pezuñas.

17

¡Ay del pastor inútil que abandona el rebaño! Sobre su brazo sea la espada, y sobre su ojo derecho; del todo se secará su brazo, y su ojo derecho será enteramente oscurecido.

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Zacarias em Português — Bíblia Etíope | Kanon.Bible