El Evangelio de Mateo es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas. Se encuentra en primer lugar en el Nuevo Testamento desde los primeros manuscritos, no por haber sido escrito primero, sino por su importancia como puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Mateo
Capítulo 10
ENTONCES llamando á sus doce discípulos, les dió potestad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y todo achaque.
Y los nombres de los doce apóstoles son éstos: el primero, Simón, que es Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;
Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, y Lebeo, por sobrenombre Tadeo;
Simón el Cananita, y Judas Iscariote, que también le entregó.
A estos doce envió Jesús, y les mandó, diciendo: No vayáis por camino de Gentiles, y no entréis en ciudad de Samaritanos;
Mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia.
No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos;
Ni de alforja para el camino, ni de dos vestidos, ni de zapatos, ni de bordón; porque el obrero es digno de su mantenimiento.
Mas en cualquier ciudad ó aldea donde entrareis, investigad quién en ella es digno, y estad allí hasta que salgáis.
Y cuando entrareis en la casa, saludadla.
Y si la casa fuere digna, vendrá vuestra paz sobre ella; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá á vosotros.
Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa ó de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.
De cierto os digo, que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad.
He aquí, yo os envío como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.
Y guardaos de los hombres; porque os entregarán á los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;
Y aun delante de gobernadores y de reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio á ellos y á los Gentiles.
Mas cuando os entregaren, no os afanéis por cómo ó qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado qué hablar.
Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.
Y el hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los matarán.
Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.
Y cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de cierto os digo, que no acabaréis todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre.
No es el discípulo más que el maestro, ni el siervo más que su señor.
Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto más á los de su casa?
Así que, no los temáis: porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de saberse.
Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, predicadlo sobre las casas.
Y no temáis á los que matan el cuerpo, mas no pueden matar el alma; temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? con todo, ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre.
Pues aun vuestros cabellos están todos contados.
Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
Cualquiera, pues, que me confesare delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Y cualquiera que me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
No penséis que vine á meter paz en la tierra: no vine á meter paz, sino espada.
Porque vine á poner en disensión al hombre contra su padre, y á la hija contra su madre, y á la nuera contra su suegra;
Y los enemigos del hombre serán los de su casa.
El que ama padre ó madre más que á mí, no es digno de mí; y el que ama hijo ó hija más que á mí, no es digno de mí;
Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.
El que á vosotros recibe, á mí me recibe; y el que á mí me recibe, recibe al que me envió.
El que recibe al profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibirá; y el que recibe al justo en nombre de justo, merced de justo recibirá.
Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su recompensa.