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El Evangelio de Mateo es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas. Se encuentra en primer lugar en el Nuevo Testamento desde los primeros manuscritos, no por haber sido escrito primero, sino por su importancia como puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Mateo

Capítulo 13

1

AQUEL día salió Jesús de casa, y se sentó junto á la mar.

2

Y se juntaron á él muchas gentes; tanto que entrando en el barco, se sentó; y toda la gente estaba en la ribera.

3

Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió á sembrar.

4

Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.

5

Y parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y nació presto, porque no tenía profundidad de tierra;

6

Mas salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.

7

Y parte cayó entre espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.

8

Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, cuál á ciento, cuál á sesenta, y cuál á treinta.

9

El que tiene oídos para oir, oiga.

10

Entonces llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

11

Y respondiendo él, les dijo: Porque á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido.

12

Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

13

Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

14

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis.

15

Porque el corazón de este pueblo está engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y de sus ojos guiñan; Porque no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.

16

Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

17

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

18

Oid pues vosotros la parábola del sembrador.

19

Cuando alguno oye la palabra del reino, y no la entiende, el malo viene, y arrebata lo que fué sembrado en su corazón. Este es el que fué sembrado junto al camino.

20

Y el que fué sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo;

21

Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal; que venida la aflicción ó la persecución por la palabra, luego se tropieza.

22

El que fué sembrado entre espinas, éste es el que oye la palabra, y el cuidado de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

23

Mas el que fué sembrado en buena tierra, éste es el que oye la palabra y la entiende, y el que lleva fruto; y produce uno á ciento, otro á sesenta, y otro á treinta.

24

Les propuso otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que sembró buena simiente en su campo;

25

Mas mientras los hombres dormían, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fué.

26

Y cuando salió la hierba y hizo fruto, entonces apareció también la cizaña.

27

Y llegándose los siervos del padre de familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde, pues, tiene cizaña?

28

Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeren: ¿Quieres, pues, que vayamos y la cojamos?

29

Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no desraigüéis también con ella el trigo.

30

Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega, yo diré á los segadores: Coged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas el trigo, alzadlo en mi alfolí.

31

Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo un hombre lo sembró en su campo;

32

El cual á la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de manera que las aves del cielo vienen y hacen nidada en sus ramas.

33

Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fué leudado.

34

Todo esto habló Jesús por parábolas á las gentes, y sin parábolas no les hablaba;

35

Para que se cumpliese lo dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca, Hablaré cosas escondidas desde la fundación del mundo.

36

Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino á casa; y se llegaron á él sus discípulos, diciendo: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.

37

Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre;

38

Y el campo es el mundo; la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo;

39

El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.

40

De manera que como es cogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo.

41

Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que obran iniquidad,

42

Y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

43

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oir, oiga.

44

Además, el reino de los cielos es semejante á un tesoro escondido en un campo, el cual hallándolo un hombre, lo encubre; y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

45

También el reino de los cielos es semejante á un mercader que busca buenas perlas;

46

Que hallando una perla preciosa, fué y vendió todo lo que tenía, y la compró.

47

Asimismo el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar, coge de toda suerte de peces;

48

La cual, estando llena, la sacaron á la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.

49

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán los malos de entre los justos,

50

Y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

51

Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor.

52

Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.

53

Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, se pasó de allí.

54

Y venido á su tierra, enseñábales en la sinagoga de ellos, de tal manera que estaban atónitos, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estas maravillas?

55

¿No es éste el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, y José, y Simón, y Judas?

56

¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?

57

Y se escandalizaban en él. Mas Jesús les dijo: No es el profeta sin honra, sino en su tierra y en su casa.

58

Y no hizo allí muchas maravillas, á causa de la incredulidad de ellos.

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