El Evangelio de Mateo es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas. Se encuentra en primer lugar en el Nuevo Testamento desde los primeros manuscritos, no por haber sido escrito primero, sino por su importancia como puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Mateo
Capítulo 15
ENTONCES se llegaron á Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo:
¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no lavan sus manos cuando comen pan.
Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?
Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y á la madre; y: El que maldijere al padre ó á la madre, muera de muerte.
Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere al padre ó á la madre: Es ya mi ofrenda todo aquello con que pudiera valerte;
No tendrá que honrar á su padre ó á su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.
Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo:
Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón lejos está de mí.
Mas en vano me honran, Enseñando doctrinas y mandamientos de hombres.
Y llamando á sí las gentes, les dijo: Oíd, y entended:
No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.
Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oída esta palabra se ofendieron?
Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.
Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.
Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola.
Y Jesús dijo: ¿También vosotros sois aún sin entendimiento?
¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?
Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.
Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.
Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre.
Y saliendo Jesús de allí, se fué á las partes de Tiro y de Sidón.
Y he aquí una mujer Cananita que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio.
Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros.
Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme.
Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos.
Y ella dijo: Sí, Señor; mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.
Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y su hija fué sana desde aquella hora.
Y partiendo Jesús de allí, vino junto á la mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí.
Y llegaron á él muchas gentes, que traían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; y los pusieron á los pies de Jesús, y los sanó:
De manera que las gentes se maravillaban, viendo los mudos hablar, los mancos sanos, los cojos andar, y los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel.
Y Jesús llamando á sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos ayunos no quiero, porque no desmayen en el camino.
Entonces sus discípulos le dicen: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar á tanta multitud?
Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.
Y mandó á las gentes que se recostasen sobre la tierra.
Y tomando los siete panes y los peces, dando gracias, partió y dió á sus discípulos, y los discípulos á las gentes.
Y comieron todos, y se hartaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas.
Y los que comieron eran cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños.
Entonces, despedidas las gentes, subió en un barco, y vino á los términos de Magdala.