El Evangelio de Mateo es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas. Se encuentra en primer lugar en el Nuevo Testamento desde los primeros manuscritos, no por haber sido escrito primero, sino por su importancia como puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Mateo
Capítulo 16
Y LLEGÁNDOSE los Fariseos y los Saduceos, para tentarle, le pidieron que les mostrase señal del cielo.
Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Sereno, porque el cielo tiene arreboles.
Y por la mañana: Hoy tempestad, porque tiene arreboles el cielo nublado. Hipócritas, que sabéis discernir la faz del cielo; ¿mas las señales de los tiempos no las podéis discernir?
La generación mala y adúltera demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fué.
Y llegándose sus discípulos de la otra parte, se habían olvidado de tomar pan.
Y Jesús les dice: Mirad, guardaos de la levadura de los Fariseos y de los Saduceos.
Y ellos pensaban entre sí, diciendo: No tomamos pan.
Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?
¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas alzasteis?
¿Ni de los siete panes entre cuatro mil hombres, y cuántas canastas alzasteis?
¿Cómo no entendéis que no por el pan os dije que os guardaseis de la levadura de los Fariseos y de los Saduceos?
Entonces entendieron que no les dijese que se guardasen de la levadura del pan, sino de la doctrina de los Fariseos y de los Saduceos.
Viniendo Jesús á las partes de Cesarea de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?
Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, ó alguno de los profetas.
El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?
Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te reveló eso carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.
Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
Y á ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.
Entonces mandó á sus discípulos, que á nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.
Desde entonces comenzó Jesús á declarar á sus discípulos que le convenía ir á Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.
Y tomándolo Pedro aparte, comenzó á reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.
Y él, volviéndose, dijo á Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres escándalo; porque no entiendes en las cosas que son de Dios, sino en las de los hombres.
Entonces dijo Jesús á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará.
Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿ó qué recompensa dará el hombre por su alma?
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará á cada uno según sus obras.
De cierto os digo, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su reino.