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El Evangelio de Mateo es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas. Se encuentra en primer lugar en el Nuevo Testamento desde los primeros manuscritos, no por haber sido escrito primero, sino por su importancia como puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Mateo

Capítulo 5

1

Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él sus discípulos;

2

Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:

3

Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.

4

Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.

5

Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.

6

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.

7

Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.

8

Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios.

9

Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.

11

Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por causa de mí, mintiendo.

12

Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; que así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros.

13

Vosotros sois la sal de la tierra; mas si la sal se volviere desabrida, ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.

14

Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

15

Ni se enciende una vela y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa.

16

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.

17

No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir.

18

Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.

19

Así que, cualquiera que violare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

20

Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

21

Oísteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare, será culpado del juicio.

22

Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente contra su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del fuego del infierno.

23

Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares que tu hermano tiene algo contra ti,

24

Deja allí tu presente delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.

25

Date prisa de poner á paz con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acaso el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en la cárcel.

26

De cierto te digo, que no saldrás de allá, hasta que pagues el último cuadrante.

27

Oísteis que fué dicho: No cometerás adulterio.

28

Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

29

Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

30

Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti; que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

31

También fué dicho: Cualquiera que dejare á su mujer, déle carta de divorcio.

32

Mas yo os digo, que el que dejare á su mujer, fuera de causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la dejada, comete adulterio.

33

Además habéis oído que fué dicho á los antiguos: No perjurarás; antes cumplirás al Señor tus juramentos.

34

Mas yo os digo: No juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

35

Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.

36

Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.

37

Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

38

Oísteis que fué dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.

39

Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra;

40

Y al que quiere ponerte á pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa;

41

Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos.

42

Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no le vuelvas las espaldas.

43

Oísteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo.

44

Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

45

Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; que hace nacer su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos é injustos.

46

Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también eso los publicanos?

47

Y si hiciereis amistad solamente con vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también eso los gentiles?

48

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

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