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El Evangelio de Marcos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.

Marcos

Capítulo 13

1

Y saliendo Jesús del templo, uno de sus discípulos le dice: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.

2

Y respondiendo Jesús, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.

3

Y se sentó en el monte de las Olivas delante del templo; y aparte le preguntaron Pedro, y Jacobo, y Juan, y Andrés:

4

Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá cuando todas estas cosas han de cumplirse?

5

Y Jesús respondiéndoles, comenzó á decir: Mirad que nadie os engañe.

6

Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán á muchos.

7

Mas cuando oyereis guerras, y famas de guerras, no os turbéis; porque es menester que acontezca; mas aun no es el fin.

8

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en diversos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son éstos.

9

Y mirad por vosotros mismos: porque os entregarán á los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes seréis llamados por causa de mí, para testimonio á ellos.

10

Y es menester que el evangelio sea predicado antes á todas las gentes.

11

Y cuando os llevaren para entregaros, no estéis de antes pensando lo que habéis de decir, ni lo meditéis; mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.

12

Y entregará el hermano al hermano á la muerte, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.

13

Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.

14

Mas cuando viereis la abominación de asolamiento, que fué dicha por el profeta Daniel, puesta donde no debe, (el que lee, entienda) entonces los que están en Judea, huyan á los montes.

15

Y el que estuviere en la azotea, no descienda á la casa, ni entre para tomar algo de su casa;

16

Y el que estuviere en el campo, no vuelva atrás á tomar su capa.

17

Mas ¡ay de las preñadas, y de las que criaren en aquellos días!

18

Y orad que no acontezca vuestra huída en invierno.

19

Porque aquellos días serán de aflicción, cual nunca ha habido desde principio de la creación que Dios crió, hasta este tiempo, ni será.

20

Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos que él eligió, abrevió aquellos días.

21

Entonces si alguno os dijere: He aquí, aquí está el Cristo; ó he aquí allí está, no le creáis.

22

Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y darán señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun á los escogidos.

23

Mas vosotros mirad; he aquí os lo he dicho todo antes.

24

Empero en aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su resplandor;

25

Y las estrellas del cielo caerán, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas.

26

Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha potencia y gloria.

27

Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el cabo de la tierra hasta el cabo del cielo.

28

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y echa las hojas, conocéis que el verano está cerca.

29

Así también vosotros, cuando viereis hacer estas cosas, conoced que está cerca, á las puertas.

30

De cierto os digo, que no pasará esta generación, hasta que todo esto sea hecho.

31

El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán.

32

Empero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

33

Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo.

34

Como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dió autoridad á sus siervos, y á cada uno su obra, y mandó al portero que velase:

35

Velad pues, porque no sabéis cuándo el señor de la casa vendrá; si á la tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana;

36

Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo.

37

Y las cosas que á vosotros digo, á todos digo: Velad.

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