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El Evangelio de Marcos es universalmente aceptado como canónico por todas las tradiciones cristianas principales. En la Iglesia Ortodoxa Etíope (Tewahedo), forma parte del canon más amplio de 81 libros.

Marcos

Capítulo 14

1

Y faltaban dos días para la Pascua y para los ázimos; y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño, y matarle.

2

Y decían: No en el día de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo.

3

Y estando él en Bethania, en casa de Simón el leproso, sentado á la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de ungüento de nardo puro de gran precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza.

4

Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento?

5

Porque podía esto venderse por más de trescientos dineros, y darse á los pobres. Y murmuraban contra ella.

6

Mas Jesús dijo: Dejadla; ¿por qué la fatigáis? Buena obra me ha hecho.

7

Porque siempre tendréis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis les podréis hacer bien; mas á mí no siempre me tendréis.

8

Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado á ungir mi cuerpo para la sepultura.

9

De cierto os digo, que donde quiera que este evangelio fuere predicado en todo el mundo, también esto que ella ha hecho, será dicho en memoria de ella.

10

Y Judas Iscariote, uno de los doce, fué á los príncipes de los sacerdotes para entregársele.

11

Y ellos oyéndo se holgaron, y prometieron de darle dinero. Y buscaba cómo le entregaría á buena oportunidad.

12

Y el primer día de los ázimos, cuando sacrificaban la pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vayamos á aparejar para que comas la pascua?

13

Y envía dos de sus discípulos, y les dice: Id á la ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle;

14

Y donde entrare, decid al padre de la familia: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?

15

Y él os mostrará un gran cenáculo alto aparejado y aderezado: aparejad para nosotros allí.

16

Y fueron sus discípulos, y vinieron á la ciudad, y hallaron como les dijo; y aparejaron la pascua.

17

Y como fué tarde, vino con los doce.

18

Y sentados ellos á la mesa y comiendo, Jesús dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros que come conmigo, me ha de entregar.

19

Entonces ellos comenzaron á entristecerse, y á decirle cada uno por sí: ¿Soy yo? y el otro: ¿Soy yo?

20

Y respondiendo él, les dijo: Es uno de los doce, que moja conmigo en el plato.

21

A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera á aquel hombre si nunca hubiera nacido.

22

Y comiendo ellos, tomó Jesús pan, y bendiciendo, partió, y les dió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

23

Y tomando el vaso, y habiendo dado gracias, les dió; y todos bebieron de él.

24

Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo testamento, que por muchos es derramada.

25

De cierto os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día que lo beba nuevo en el reino de Dios.

26

Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.

27

Entonces Jesús les dice: Todos os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas.

28

Mas después que resucitare, iré delante de vosotros á Galilea.

29

Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, mas yo no.

30

Y le dice Jesús: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces.

31

Mas él con mayor porfía decía: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. Y asimismo decían también todos.

32

Y vinieron al lugar que se llama Getsemaní, y dijo á sus discípulos: Sentaos aquí, mientras que oro.

33

Y toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan consigo, y comenzó á tener pavor, y á angustiarse.

34

Y les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte: quedaos aquí, y velad.

35

Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.

36

Y dijo: Abba, Padre, todas las cosas te son posibles; traspasa de mí este vaso; empero no lo que yo quiero, sino lo que tú.

37

Y vino, y los halló durmiendo; y dice á Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora?

38

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu á la verdad presto, mas la carne flaca.

39

Y otra vez fué, y oró, diciendo las mismas palabras.

40

Y vuelto, los halló otra vez durmiendo, porque sus ojos estaban cargados; y no sabían qué responderle.

41

Vino luego la tercera vez, y les dice: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora es venida; he aquí el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores.

42

Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega.

43

Y luego, hablando él, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y de los ancianos.

44

Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquél es; prendedle, y llevadle con guarda.

45

Y como vino, se llegó luego á él, y le dice: ¡Rabí, Rabí! y le besó.

46

Y ellos le echaron mano, y le prendieron.

47

Mas uno de los que estaban allí, sacando una espada, hirió á un siervo del sumo sacerdote, y le cortó una oreja.

48

Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos á prenderme?

49

Cada día estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis; mas es así, para que se cumplan las Escrituras.

50

Entonces dejándole, todos huyeron.

51

Mas un cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y los mozos le prendieron;

52

Mas él, dejada la sábana, huyó de ellos desnudo.

53

Y llevaron á Jesús al sumo sacerdote; y se juntaron todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos y los escribas.

54

Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba sentado con los servidores, calentándose al fuego.

55

Y los príncipes de los sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle á la muerte; y no lo hallaban.

56

Porque muchos decían falso testimonio contra él; mas los testimonios no concordaban.

57

Y levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo:

58

Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo que es hecho de manos, y en tres días edificaré otro no hecho de manos.

59

Y ni aun así concordaba el testimonio de ellos.

60

Y levantándose el sumo sacerdote en medio, preguntó á Jesús, diciendo: ¿No respondes nada á lo que estos testifican contra ti?

61

Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió á preguntar, y dícele: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?

62

Y Jesús dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.

63

Entonces el sumo sacerdote, rompiendo sus vestidos, dice: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?

64

Habéis oído la blasfemia: ¿qué os parece? Y todos le condenaron por reo de muerte.

65

Y comenzaron algunos á escupirle, y á cubrirle el rostro, y á darle de puñetazos, y á decirle: Profetiza. Y los servidores á bofetadas le herían.

66

Y estando Pedro abajo en el patio, vino una criada del sumo sacerdote;

67

Y como vió á Pedro que se calentaba, le miró, y dice: Y tú con Jesús Nazareno estabas.

68

Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió fuera del portal; y el gallo cantó.

69

Y la criada viéndole otra vez, comenzó á decir á los que estaban allí: Este es de ellos.

70

Mas él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez á Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galileo, y tu habla es semejante.

71

Entonces él comenzó á maldecir, y á jurar: No conozco á este hombre de quien habláis.

72

Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en ello, lloraba.

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